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¿Estás ansioso? La invisibilidad puede ayudarte

Ciencia

Por: pijamasurf - 05/01/2015

Este experimento científico demuestra que sentirnos invisibles reduce enormemente la ansiedad social

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De todos los súperpoderes, la invisibilidad suele ser el favorito. ¿Correríamos desnudos?, ¿entraríamos en lugares prohibidos?, ¿espiaríamos a alguien? Quizá solamente nos sentaríamos por ahí a sentir nuestra propia ausencia, pero sólo pensarlo puede ayudar a aligerarnos. Todos hemos probado, en algún momento de la vida, las mieles del anonimato (que es ya como una capa ligera de invisibilidad que se puede disfrutar enormemente), pero la invisibilidad es un prospecto que rebasa el placer de sentirse anónimo, y la ciencia parece haber descubierto por qué.

De acuerdo con un reciente experimento publicado en Scientific Reports, sentir que uno es invisible calma los nervios durante acontecimientos enervantes como tener a una multitud mirándote. Es decir, reduce muchísimo las respuestas automáticas de ansiedad social. La pregunta, por supuesto, es: ¿cómo pueden saber esto los científicos si la invisibilidad es, hasta ahora, físicamente imposible?

Aparentemente la tecnología está muy cerca de lograr hacer “capas de invisibilidad” para el cuerpo humano –y de hecho los desarrolladores de la tecnología son los mismos que en este estudio–, pero para este experimento utilizaron realidad virtual. Equiparon a 23 personas con visores y les pidieron que miraran abajo, hacia sus pies, mientras un científico rozaba sus brazos, piernas y torso con una brocha. Mientras, el científico hacia movimientos idénticos con su otro brazo sobre el aire, el espacio vacío. Una cámara, montada arriba del espacio vacío sobre el que pasaba la brocha mandaba video a los visores de los participantes y les daba la impresión de ser invisibles (veían la brocha moviéndose sobre el espacio vacío pero sentían los roces de esta).  

En una escala del 1 al 100, los participantes reportaron su nivel de estrés en un promedio de 25 en condiciones de invisibilidad. La sensación de ser transparentes bajó su ritmo cardíaco, lo cual sugiere que sentir que no tenemos una imagen física nos relaja enormemente.

Los resultados podrían ser usados para diseñar mejores terapias para la ansiedad social, o también podrían tener implicaciones relevantes para los neurocientíficos que tratan de entender el fenómeno del “miembro fantasma”. A nosotros nos queda la certeza de que nuestra versión mortal de invisibilidad, el anonimato, sí es una suerte de descanso de la ansiedad social. Un descanso comprobado por la ciencia y, por lo demás, delicioso.

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"La mitad de la literatura científica es falsa", confiesa director editorial de prestigiosa publicación

Ciencia

Por: pijamasurf - 05/01/2015

¿En que podemos creer, si la misma ciencia parece estar profundamente viciada por intereses creados y una búsqueda de la notoriedad antes que la verdad?

novartis

El poder de la ciencia en nuestra sociedad ha llegado al punto del dogma. Si lo dice un científico de Harvard o de Stanford, tiene que ser verdad. Exaltamos las credenciales académicas como si fueran chalecos antimentiras; si antes Shelley había dicho que los poetas eran los legisladores no reconocidos del mundo, ese título le pertenece sin duda a los científicos en nuestra época. Y sin embargo la solidez de la realidad científica, su aparente incontestabilidad, la pulcritud de su método, tal vez sean una ilusión más.

Desde abril pasado ha estado circulando y causando conmoción un editorial escrito por Richard Horton, el director de The Lancet, una de las revistas científicas más viejas y con mayor prestigio del mundo. Horton escribe:

El caso en contra de la ciencia es frontal: mucha de la literatura científica, la mitad quizás, simplemente es falsa. Afligida por estudios con muestras demasiado pequeñas, efectos minúsculos, interpretaciones inválidas, flagrantes conflictos de intereses, aunado a una obsesión por perseguir modas y tendencias de dudosa importancia, la ciencia ha tomado un giro hacia la oscuridad.

La afirmación de Horton es contundente e inquietante en lo que concierne al edificio de realidad que construye la ciencia en nuestra sociedad. Horton cree que una posibilidad para cambiar las cosas es simplemente retirar todo incentivo y promover la colaboración y no la competencia. Marcia Angell, ex editora del New England Medical Jounal, se hace eco:

Simplemente no es posible creer en mucha de la investigación de clínica que se publica, o depender del juicio de médicos confiables y de las guías médicas. No me produce placer esta conclusión, a la cual he llegado con reticencia en mis más de 2 décadas como editora del New England Journal of Medicine.

¿Si no podemos creer en la ciencia, en que podemos creer? Ciertamente no en los medios que publican los artículos científicos que denuncia Horton (y aquí nadie se salva, incluyendo este sitio), los cuales están hechos a la medida para que puedan aparecer en los medios, utilizando presupuestos no para resolver los grandes problemas del ser humano sino para que los científicos puedan posicionar sus carreras y recibir más fondos. Desde la perspectiva del lector o del consumidor de ciencia que no es parte de la academia, parece importante desarrollar una mirada crítica y ser capaz de detectar cómo los medios y ahora los mismos científicos utilizan encabezados para llamar la atención y sesgar el interés. Tener presente que muchos estudios científicos obtienen sus fondos directa o indirectamente de corporaciones --las farmacéuticas, por ejemplo-- o por parte de gobiernos y en su agenda quieren avanzar ciertos proyectos y legitimar ciertos conceptos. Para que pueda mantener sus posiciones y fondos, en muchas ocasiones el científico se coloca al servicio del mantenimiento del statu quo. Es necesario dudar de lo que se nos presenta como real bajo un marco perfectamente realista, dudar de todo, como ya lo decían los filósofos y, al mismo tiempo, no tomarse las cosas demasiado en serio. Empecemos por dudar de nuestras creencias.