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Las cosas pueden mejorar con un ácido (o así sucedió en este concierto de Leonard Cohen)

Psiconáutica

Por: pijamasurf - 07/20/2015

Los psicodélicos tienen la virtud de proveer experiencias edificantes, de transformar la realidad subjetiva, y ese fue el efecto durante una presentación de Leonard Cohen que estuvo a punto de naufragar
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Imagen: Rama (Wikimedia Commons)

Las sustancias psicoactivas pueden tener malos resultados pero en algunas ocasiones son capaces de expandir la conciencia y revelarnos los entresijos del mundo, correr la cortina, romper la normalidad para mirar el otro lado del espejo.

En 1972, Leonard Cohen se encontraba en Jerusalén, en el estadio Yad Eliyahu Sports Palace, para cerrar su gira mundial de aquel año. Entre las primeras canciones programadas aquella noche se encontraba “Bird on a Wire”, que al parecer gozaba de enorme aprecio entre el público asistente, el cual comenzó a aplaudir apenas Cohen pronunció las tres palabras de inicio.

 

La reacción del público irritó profundamente al cantautor, quien en vez de continuar tomó el micrófono para hacer esta petición:

De veras, de veras disfruto mucho que ustedes reconozcan la canción, pero… estoy lo suficientemente asustado de estar aquí, y pienso que algo está mal cada vez que ustedes comienzan a aplaudir. Así que si reconocen la canción, ¿podrían solamente agitar sus manos? De verdad me gustaría verlos a todos ustedes agitando sus manos si reconocen la canción.

Espero que me apoyen. Estas canciones son una especie de, eh… son meditaciones para mí, ustedes saben, simplemente no me entusiasmo con ellas, y siento que los estoy engañando, así que lo intentaré de nuevo, ¿está bien? Y si no funciona, me detendré a la mitad. No hay razón por la que debamos mutilar una canción solo para guardar las apariencias, pero aquí vamos.

Irónicamente, la petición de Cohen despertó aún más aplausos, por lo que este tuvo que volver a intervenir, aprovechando que se encontraba en Jerusalén para invocar la autoridad de la cábala, asegurando que en el Antiguo Testamento podía leerse que no fue sino hasta que Adán y Eva se miraron cara a cara que Dios pudo sentarse en su trono. “Mi parte masculina y femenina se rehúsan a encontrarse esta noche, y Dios no se sienta en su trono”, dijo Cohen, intentando dar palabras a la incomodidad que sentía. Después de esto, anunció que dejaría el escenario para reflexionar en su vestidor si podría continuar.

Una vez tras bambalinas y después de varias discusiones con los promotores, Cohen pensó de pronto que necesitaba rasurarse. Fue hasta el estuche de su guitarra y después de encontrar su navaja, hurgó más y encontró un papel de LSD. Se giró hacia su banda y les preguntó si querían un poco. "¿Por qué no?", respondieron. Entonces Cohen tomó el papel, lo partió y se lo dio a sus músicos ―después de todo, se encontraba en Jerusalén. Para finalizar, Cohen se fumó un cigarro y, entonces sí, consideró que estaba apto para volver al escenario.

Mientras cantaba, Cohen recuerda que el LSD comenzó a hacerse presente bajo la forma de una visión del Antiguo Testamento, como si el público que lo escuchaba se hubiera convertido en la multitud de las 12 tribus de Israel. Al interpretar “So Long, Marianne” se apareció ante él la Virgen María, entonces lloró y buscó ocultar su llanto entre sus músicos, pero se dio cuenta de que ellos también lloraban.

Aunque, a su manera, las experiencias con psicodélicos son edificantes, esta historia no tiene moraleja, pues aquello que Leonard Cohen obtuvo de ese encuentro espontáneo con un papelillo de LSD no pudo haberlo tenido otra persona.

En California hay oficinistas que están tomando pequeñas dosis de LSD... ¿Tú lo harías?

Psiconáutica

Por: pijamasurf - 07/20/2015

Creatividad, estar alerta y sentirse activo; esos parecen ser los beneficios de consumir una sustancia psicodélica en pequeñas dosis como parte de una rutina cotidiana

 

El inconsciente es el gran guía, amigo y consejero del consciente.

Carl Jung

En años recientes, los psicodélicos han vuelto a ganar popularidad como sustancias capaces de “despertar la conciencia”, un término que de pronto puede parecer ambiguo o quizá incluso vacío pero que, cuando se le considera con cierta seriedad, podemos descubrir que tal vez tenga algo que decirnos. En cierto sentido, ese “despertar” apunta hacia una toma de postura con respecto a aquello de lo que somos que no es totalmente nuestro, esas ideas, prenociones y conceptos que forman parte de lo que nos constituye como personas pero que podría no estar ahí o estar de otra manera. La forma en que nos educaron nuestros padres, los eventos traumáticos de nuestra niñez, las cosas que poco a poco fuimos incorporando a nuestro ser pero no de una forma consciente: normas sociales, prohibiciones, leyes y un largo etcétera que llevamos con nosotros sin darnos cuenta. Despertar la conciencia es una forma de decir que podemos volver conscientes esas partes de nosotros y saber cómo inciden en nuestra vida —y a veces los psicodélicos ayudan en ese descubrimiento.

La enseñanza que a veces pueden traer los psicodélicos es que la realidad es maleable, que sus límites pueden extenderse, que las cosas no son como otros siempre nos han dicho. En un lúcido fragmento de alguna de sus rutinas, Bill Hicks lo explicó de manera clara y contundente:

 

Con esta introducción, quizá no suene del todo extraño que específicamente el LSD sea ahora una droga cuyo uso se está extendiendo en las oficinas de Silicon Valley, en California, la meca de la innovación y el desarrollo tecnológicos. Si antes el trabajo era el lugar por excelencia de la disciplina y las reglas fijas ahora parece ser, al menos en ciertos casos particulares, un punto de experimentación y quizá incluso de realización: más que para obedecer y apegarse a ciertos lineamentos, para algunos el trabajo es lugar a donde se acude para favorecer la construcción de un proyecto personal, utilizando conscientemente las circunstancias laborales a nuestro favor (un poco en el sentido de la máxima de Aleister Crowley: “Haz lo que tú quieras será toda la Ley”, también en el trabajo).

¿Cuál es el lugar del LSD en esa ecuación Trabajo-Sujeto-Proyecto Personal? Como dijimos antes, radica en el descubrimiento de que, después de todo, no es el sujeto quien tiene que sentirse constreñido por el mundo, sino que él mismo es capaz de actuar e incidir para que los recursos del mundo operen a favor de su deseo. Para decirlo con Kafka, esa es “la esencia de la magia”, y el LSD sería el vehículo de ese darse cuenta:

Es perfectamente imaginable que el esplendor de la vida está dispuesto, siempre en toda plenitud, alrededor de cada uno, pero cubierto de un velo, en las profundidades, invisible muy lejos. Sin embargo está ahí, no hostil, no a disgusto, no sordo, viene si uno lo llama con la palabra correcta, por su nombre correcto. Es la esencia de la magia, que no crea, sino llama.

De acuerdo con algunos testimonios, el LSD hace que una persona se mantenga despierta, alerta y, sobre todo, creativa. Si pensamos que en algunos trabajos la creatividad tiene un gran aprecio, la libertad de pensamiento que es capaz de propiciar el LSD favorece la resolución de problemas que en condiciones normales se presentan bajo la forma de un laberinto o un callejón sin salida. Tal es el caso, por ejemplo, de algunos que de pronto, bajo la influencia de una pequeña dosis de ácido, han llegado fácilmente a una solución que parecía inalcanzable.

Según estas experiencias, una microdosis de LSD (10mcg) u hongos (0.2-0.5gr) cada 4 días basta para vivir la cotidianidad de otra manera. Los efectos varían de persona en persona, pero todos coinciden en que es una cantidad que no te hará alucinar, sino que únicamente te sentirás como si los efectos del café con el que te despiertas en la mañana duraran todo el día.

Esta alternativa oscila entre lo arriesgado y lo conservador. Arriesgado porque desde cierta forma representa el quebranto de las reglas y la puesta en duda del establishment, pero también conservador, pues a juzgar por los relatos de quienes practican la microdosis de psicodélicos, en ocasiones los beneficios derivados de ésta se ponen al servicio de la maquinaria capitalista, en cuyo caso el despertar de la conciencia queda anulado y más bien absorbido en la ideología dominante.

Como otras decisiones que implican libertad, en un primer momento esta puede parecer una elección disparatada, pero si por un momento dejamos de lado todas las otras opiniones y voces y sólo atendemos a la nuestra, la de nuestro deseo y la de aquello que verdaderamente queremos, entonces es posible que quede despojada de su carga moral y se muestre como es: un camino entre los varios que se nos ofrecen en la vida.