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“Ver a través de la radiación de fondo cósmica, si eres religioso, es como ver a Dios”, declaró George F. Smoot, premio Nobel de Física 2006, de visita en el Festival Internacional Cervantino

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¿Cuántas estrellas existen en nuestra galaxia?, ¿cuántas galaxias hay en el cosmos?, ¿dónde nos encontramos con respecto a las demás?, son algunas de las preguntas que han llevado a que el físico y astrónomo estadounidense George F. Smoot no despegue los ojos del firmamento. Smoot fue uno de los pioneros en determinar que el universo se encuentra en constante expansión hacia todas las direcciones de la gráfica al mismo tiempo, lo que pareciera corroborar la idea del Big Bang. Y en su continuo esfuerzo por recabar evidencias de la gran explosión astral y el amanecer del espacio primigenio fue que dio con la radiación de fondo cósmica y comenzó a generar cartografías del universo, hallazgo que le valió el premio Nobel de Física 2006 y sobre el cual el astrofísico Michael Turner declaró que los científicos habían encontrado “el Santo Grial de la cosmología”, y la Astronomy and Astrophysics Enciclopedia consideró los resultados como el Génesis. 

Foto 1 radiación de fondo

¿Pero que hace un premio Nobel de ciencia en el Festival Internacional Cervantino? La noción de que la ciencia y el arte caminan por separado parece permear sobre la sociedad actual y podría sugerir, al menos para el grueso de la humanidad, que la fisura entre ambas disciplinas se extiende a lo largo de toda la historia; pero no nos engañemos: se trata de una división moderna, un distanciamiento del cual ni Leonardo da Vinci ni Miguel Ángel, Aristóteles, Galileo, Goethe o Julio Verne tuvieran noticia o les inquietara de algún modo. Antes todo era visto como parte integral del conocimiento y quizás ya viene siendo tiempo de retornar a esa visión incluyente del imaginario colectivo. O, al menos, eso es lo que pensamos varios autores. Y digo pensamos porque el eslogan de la presente edición del Festival Cervantino: “La ciencia del arte/el arte de la ciencia”, no podría reflejar mejor mis intereses. Por supuesto que no me atrevería a compararme con las mentes ilustres convocadas por Jorge Volpi y José Gordon a debatir sobre el escenario bajo el rubro La danza de las neuronas; reconozco que no poseo ni el bagaje ni la elocuencia de tales homínidos y que mis células cerebrales aún distan de perfeccionar su ritmo de baile, pero sí comparto las opiniones manifestadas acerca de que, tanto ciencia como literatura y artes, son piezas fundamentales de la cultura y que, como tales, deben ser fraguadas dentro de un mismo discurso popular. Un teatro tiene igual cabida para una puesta de Fausto o un concierto de trip hop que un duelo entre filósofos o astrónomos. 

Foto: Ana J. Bellido

Foto: Ana J. Bellido

La sensación vigente de lejanía entre las distintas disciplinas se debe, en parte, a la aproximación reduccionista e hiperespecializada que marca la pauta del saber y quehacer contemporáneos, y es infundada por el prejuicio o desconfianza que suelen guardar los miembros más obstinados –por no decir fundamentalistas– de cada grupo por los del otro bando. Por un lado se promulga que a los científicos les falta imaginación, y por el otro, que a los artistas más bien les sobra y de lo que adolecen es de rigurosidad, aseveraciones que no podrían estar más equivocadas; la verdad es que no existe obra maestra sin trabajo arduo y no hay teoría científica que valga la pena sin disposición para el juego y la experimentación. En realidad estamos ante las dos actividades humanas que más dependen de la imaginación, la metáfora y el rigor para ser llevadas acabo, y que mayor creatividad y entrega exigen para satisfacer la curiosidad y la pasión que las desencadenan. El físico y el músico habitan cotidianamente mundos que no existen, exploran planos de realidad intangibles por medio de fórmulas o partituras. El matemático y el poeta buscan condensar el lenguaje, depurar el idioma hasta llegar a la exclamación mínima: a la ecuación simbólica descriptiva y eficiente. El químico y el pintor desmenuzan la alquimia para comunicar su visión particular sobre el entorno que nos rodea. La relación entre ciencia y arte es profunda, con vínculos fluidos, constantes y de vital importancia en ambas direcciones y así como no se requiere ser músico para disfrutar de Pink Floyd, tampoco es necesario ser científico para gozar de los descubrimientos del CERN.

Eso dicho, tampoco es que las conexiones entre ambas disciplinas sean todas positivas, la ciencia y el arte se parecen también por la resistencia que suelen mostrar sus practicantes ante las innovaciones revolucionarias: el escepticismo que ostenta el grueso del grupo cuando es confrontado con un cambio de paradigma, rasgo que tanto Darwin como Duchamp supieron bien, tachados en un principio de locos y luego declarados como genios absolutos. No obstante, lo rescatable en estos menesteres es que los dos marcos teóricos comparten el hecho de que sus verdades no sean absolutas, las suposiciones favorecidas o prácticas estándar momentáneas están siempre abiertas a debate y, aunque en ocasiones cueste derribarlas, las ideologías imperantes pueden ser cuestionadas y renovadas.

Simulation of large scale structure

El problema es que el mundo científico actual suele ser demasiado reiterativo y un tanto hermético y, salvo en limitadas instancias, voltea a ver a su alrededor o al pasado, lo que ocasiona que en torno a él se haya formado un alo de alienación o sospecha por parte de grandes sectores de la población, situación que únicamente ayuda a incrementar la extensión de esa brecha ficticia entre su campo particular de estudio y todos los demás. Por eso resulta tan apremiante volver a colocar a los investigadores y su trabajo a la luz pública, no sólo divulgar el conocimiento sino socializar el oficio científico y reintegrarlo a la cultura en amplio espectro. Es momento de difuminar los linderos, borrar las fronteras conceptuales y construir una experiencia humana más rica en todos los sentidos: una nueva época de ilustración.

En estos albores es que llegó George F. Smoot, premio Nobel de Física 2006, al Festival Internacional Cervantino XLIII para hablar sobre el origen del universo. “Lo que experimento cuando veo una ecuación como la de Einstein (E=MC2), es similar a lo que sucede cuando se lee un haiku: cada elemento que compone la frase conecta y tiene un efecto sobre los que le rodean”, dijo el científico antes de comenzar a entrar en materia.

foto 4 bigbang

Smoot habló sobre las distintas técnicas empleadas para detectar reliquias cósmicas, como la radiación de fondo, y de qué manera esta información puede ser empleada para generar mapas tridimensionales de los filamentos, cúmulos y nódulos de galaxias que se reparten a lo largo y ancho del espacio sideral. Cartografías complejas que revelan aspectos sobre la expansión, distribución y generación de los componentes del cosmos y que ayudan a aproximarse a conceptos más resbaladizos como la energía oscura y los cuásares. El único problema es que se confronta un déficit de tiempo directamente proporcional con la distancia de observación: “Es como ver hacia el pasado. Mientras más afuera, más hacia el pasado estas viendo”, declara Smoot, para luego agregar que los telescopios más poderosos con los que contamos en la actualidad captan luz emitida por los cuerpos astrales hace aproximadamente 2 millones de años.

foto 3 filamentos de galaxias

Conforme me sumergía en un mapa tridimensional que emulaba un zoom out desde la Tierra hasta el cúmulo de Virgo, recordé la conferencia de prensa del día anterior y cómo este hombre de mente inquieta había volteado la dinámica y terminado formulando él las preguntas. ¿Qué nos hace ser humanos? ¿Qué nos define y diferencia del resto de posibilidades? ¿La manera en la que creamos arte? ¿La manera en la que entendemos el arte? ¿Qué va a pasar cuando los robots adquieran esta capacidad? ¿Será que en 20 años el Festival Cervantino no sólo invitará a científicos y artistas sino también a robots destacados? No son cuestiones para tomarse demasiado a la ligera, no hay que olvidar que una computadora ya fue capaz de superar la prueba de Touring.

Foto: Ana J. Bellido

Foto: Ana J. Bellido

Imposible no considerar la vastedad del cosmos en relación con la posibilidad de hallar vida en otros planetas. Si tomamos en cuenta que tan sólo en nuestra galaxia hay alrededor de 4 mil millones de estrellas y que se estima que existen más o menos 100 mil millones de galaxias en el universo –lo que arroja una cifra desconcertante de un uno acompañado por 22 ceros como el total potencial de estrellas, el hecho de que únicamente se registre vida en un ínfimo rincón de la Vía Láctea denominado como planeta Tierra se perfila como improbable. Claro que eso tampoco quiere decir que no sea así y que, en efecto, la vida figure como un fenómeno tan singular que sólo haya surgido una vez y en un lugar específico.

Me hubiera gustado preguntar sobre esto al ilustre premio Nobel, estoy seguro que el investigador cósmico ha dedicado algunas horas de intelecto a rumiar la cuestión y mucho tendría que aportar al respecto, sin embargo, no hubo ocasión para hacerlo. Con cierta taquicardia levanté mi mano durante el pequeño período de preguntas y respuestas posteriores a la ponencia, pero mi brazo se ahogó entre un mar de palmas ansiosas y el micrófono fue entregado a otro asistente, lo que solamente me permite conjeturar sobre cuál podría haber sido su posible respuesta. Quizás se habría inclinado por contestar a la manera de Carl Sagan, quien confrontado con la misma interrogante declaró que en realidad no importa, que ambas posibilidades son igual de especiales: tanto si estamos solos como si hubiera vida en otros lados. O no, quizás el buen George F. Smoot habría sorprendido al auditorio con alguna creencia extraña sobre seres multidimencionales. O mejor aún, y ya francamente entrando en el terreno de los sueños diurnos, con algún tipo de evidencia oculta por los gobiernos que hiciera a los partidarios de las teorías conspiranóicas revolcarse en sus asientos. Quién sabe. Difícil determinar qué tanto albergue el cerebro hiperactivo de este hombre que trata cotidianamente con un nivel de abstracción tan descabellado como el origen mismo del universo. La verdad es que también me hubiera interesado saber cuál es su postura frente a Dios, considero que su trabajo es un reto digno para las creencias de hasta los más férreos devotos, pero eso sí quedará para que cada lector saque sus propias conclusiones al respecto. 

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Twitter del autor: @cotahiriart

Las 22 puertas del castillo-espejo: X El Ermitaño (la carta 9)

Arte

Por: Psicanzuelo - 10/22/2015

Por medio de un análisis exhaustivo de los 22 arcanos del Tarot se intentará darle un sentido al ejercicio cinematográfico como regulador de la percepción de la vida

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Ajenos me son, y una burla, los hombres del presente, hacia quienes no hace mucho me empujaba el corazón; y desterrado estoy del país de mis padres y de mis madres. Por ello amo yo tan sólo el país de mis hijos, el no descubierto, en el mar remoto: que lo busquen incesantemente ordeno yo a mis velas. En mis hijos quiero reparar el ser hijo de mis padres: ¡y en todo futuro, este presente!

Friedrich Nietzsche, Así habló Zaratustra

 

La invención de la soledad en un laberinto aparte

Un anciano camina encorvado, alumbrando su camino con un farol al mismo tiempo que se alumbra a sí mismo en nuestro punto de vista. Con su otra mano se apoya en un bastón. La capa que lo cubre del clima nocturno también protege la luz para no apagarse con el viento.

Atributos del arcano del ermitaño son: austeridad, sobriedad y experiencia. Necesidad de silencio y aislamiento para la meditación y el estudio. Discreción, sabiduría profunda, retirada, y conocimiento.

Podríamos decir que poder apreciar ciertas verdades sólo es posible hacerlo por medio de una visión interior, gracias a una profunda soledad. Este arcano mayor representa en el horóscopo a Virgo, la virgen, llena de una inocencia natural o provista por la naturaleza.     

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Ninguna cinta más apropiada para empezar a hablar de estas características del ser humano que opta por contemplar el vacío internamente para conectarse con la eternidad que el documental espiritual El gran silencio (Philip Gröning, 2005). Aquí se registran las actividades cotidianas de manera directa, que más bien parecen mecanismos dinámicos que utilizan los monjes cartujos al interior de un gran monasterio en lo alto de los Alpes. La parte religiosa se difumina con nuestra preconcepción para únicamente dar paso a agraciados cantos gregorianos que serán la única música que escuchemos en toda la proyección y es el abandono con el cual cada monje se entrega a la eternidad que roba nuestra completa atención, haciendo un ejercicio meditativo en cada secuencia de manera automática. La quietud en el silencio que proviene de realizar cualquier cantidad de labores domesticas en forma de búsqueda introspectiva, mientras las estaciones de la naturaleza se suceden marcadamente: el tiempo no existe, pero el ritmo es el de la naturaleza.   

Pero es la cinta de ficción Simón del desierto (Luis Buñuel, 1965) la que podría acercar el ermitaño a nuestra vida diaria por medio de la ironía. En esta  metáfora, un santo (Claudio Brook) vive en una columna altísima para estar cerca de Dios y lejos de las tentaciones, para únicamente conseguir la atención de Satanás y terminar cayendo en propuestas tan llamativas como una Silvia Pinal de 20 años vestida de colegiala. 

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Es un falso ermitaño que nos acerca a lo que es el ermitaño por el camino de lo que no es, porque aunque nos dejemos la barba larga y usemos mantos todavía más largos y estemos hablando (rogándole) con Dios todo el santo día, lejos estamos de la introspección, y más cerca de la carta 15 del Tarot, Le Diable.    

Sabemos que el ermitaño es la carta 9, y este número tiene propiedades especiales en lo que refiere a lo esotérico. Se dice que desde antes de la llamada antigüedad, Hermes Trismegisto vinculaba el número 9 con la iniciación; no olvidemos que nos formamos en 9 meses para existir en el plano material. Al respecto Eliphas Lévi nos comenta:

El número 9 es, por tanto, el de los reflejos divinos; manifiesta la idea divina en toda su potencia abstracta; pero manifiesta también el lujo en la creencia y por consecuencia la superstición y la idolatría. Por esta causa Hermes le ha hecho el número de la iniciación porque el iniciado reina sobre la superstición, y por la superstición puede marchar solo en las tinieblas, apoyado en su bastón, envuelto en su manto e iluminado por su lámpara. La razón ha sido otorgada a todos los hombres, pero no todos saben hacer uso de ella; es una ciencia que es necesario aprender. La libertad ha sido ofrecida a todos, pero no todos pueden ser libres; es un derecho que es preciso conquistar. La fuerza es para todos, pero no todos saben apoyarse en la fuerza; es un poder del que es necesario apoderarse.

Es que dicen por ahí que el camino espiritual no es para quien lo necesita sino para quien lo quiere, y finalmente para quien lo toma; como lo vemos en la carta, además de una luz en una mano tenemos que tener un bastón firme que nos conecte con el camino material. 

[caption id="attachment_102108" align="aligncenter" width="192"]El Ermitaño de Therion El Ermitaño de Therion[/caption]

A este respecto podríamos decir que Aleister Crowley no dejaba de vincular este arcano con la fuerza del semen, hasta del espermatozoide en sí, así que sólo un loco andaría regando por todos lados una sustancia que es capaz de engendrar vida. Como podemos observar atentamente el ermitaño se ha quitado la capucha del loco y tiene una joroba que es el peso del pasado en el cual se recarga, pero también pudiera ser una presencia mental femenina, una inspiración; si nos fijamos en su mano derecha, con la que sostiene la luz, los pliegues de la mano dibujan una vagina y los pliegues de la frente subrayan que se encuentra absorto en una operación mental intensa, quizás con esa presencia femenina mental.  

 

La guarida forzada ante el inminente Apocalipsis

En el cine es común que el personaje, por causas de fuerza mayor, quede aislado, lo que lo conecta y transforma poco a poco en el ermitaño de manera extrema y casi siempre al borde de un brote psicótico sin vuelta atrás por causa de sus propias elecciones. Esta situación por lo general viene envuelta en una atmosfera opresiva y apocalíptica, por ejemplo en el caso de la adaptación fílmica de la novela de Richard Matheson Soy leyenda: El último hombre sobre la Tierra (Ubaldo Ragona, 1964). 

07171lastmanEl doctor Morgan (Vincent Price), encerrado en su casa, duerme de día y trabaja en su protección nocturna contra los embates de decenas de vampiros nocturnos que provienen de una contaminación química masiva. Es en este encierro que el doctor Morgan, en un ejercicio de introspección que se conjuga con soñar despierto y dormido, por medio de su memoria empoderada de su imaginación que le da forma a su presente, una reclusión involuntaria que lo obliga a crecer espiritualmente para afrontar a sus demonios alados. Otro interesante ejemplo de la encarnación del arcano obligado por la crisis sobre la pantalla grande es Atormentado/Take Shelter (Jeff Nichols, 2011), donde Curtis (Michael Shannon) sufre de sueños alucinantes de devastación natural causada por una tormenta; él los toma como premoniciones, anuncios de una destrucción inminente que puede evitar si se resguarda junto a su familia en un sótano-refugio, dándose a la tarea de construirlo. Para la gente que lo rodea va perdiendo la razón por ver algo que nadie puede mirar.        

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Con una costura fina en esta tesitura del fenómeno resulta la metafísica realista en la opus magnum de Andrei Tarkovsky: El sacrificio (1986). En su trama, Alexander (Erland Josephson) explora a través del arcano del ermitaño su interior, descifrando que el Apocalipsis se vive de manera interna y se proyecta al exterior. El sacrificio consiste más que nada en replegarse, separarse de la familia, para nacer espiritualmente. Como nos dice Sallie Nichols sobre la sabiduría eterna del viejo ermitaño, tan eterno como su lámpara: “No nos trae sermones, se ofrece a sí mismo”. El incendio provocado a la casa al final de El sacrificio por Alexander es una metáfora de esa destrucción por medio del fuego espiritual transformador. Aunque también podría tomarse como parte negativa del arcano, como su lámpara fuera de control; sobre esto, Nichols comenta: “Sabe que el fuego debe controlarse para que sea útil. Controlado puede calentarle y protegerle de los animales; descontrolado, el fuego por sí mismo, puede convertirse en una bestia rapaz que devora al Ermitaño y destruye su mundo”. Recordemos que Tarkovsky incendia otra cabaña en la película El espejo (1975) y un hombre que trae la verdad termina incinerándose a si mismo en Nostalgia (1983); parece que el fuego para él es restaurador, una metáfora de la trascendencia, pero como un final de las cosas para transformarse en espíritu. 

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Recordemos que los aspectos negativos del arquetipo, cuando aparece invertido, tienen que ver mas bien con lo insociable, la alienación, la crítica destructiva, los resentimientos, la aprensión, la estrechez de mente y la frialdad. Así podemos ver que también es fácil perdernos en nuestra soledad aunque venga de razones legítimas nuestro encierro. Hasta Zaratustra bajó de su montaña, Buda se puso a conversar sus verdades encontradas y Jesús volvió del desierto para instruir por medio de los Evangelios a sus discípulos. Aunque vivir en el aislamiento tiene su parte positiva, como veíamos anteriormente, todo tiene que ver con cierta disciplina que no se debe dejar de practicar aunque nadie al parecer nos observe, y también con la fuerza de la conexión con la naturaleza que nos rodea.     

 

Las secuencias con linternas, las estrellas en la mano

Son altamente cinematográficas las escenas que utilizan linternas en la oscuridad dentro de una película; por lo general pertenecen a tramas de suspenso, donde alguna amenaza rodea al que avanza. El personaje se va abriendo camino, siendo de las más fuertes metáforas visuales, donde además de tener un alto valor artístico resuenan en el arquetipo del ermitaño. Pensemos en la siguiente escena de Se7en (David Fincher, 1995): 

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Los personajes buscan al mal que está castigando a inocentes (falsa justicia) y se abren camino por su gracia, que proviene de su buena conducta y valores correctos, representados por la linterna. Asimismo es la cinta de monstruos Bajo el signo de Ishtar/The Mole People (Virgil V. Wogel, 1956), que se adentra en el objeto de la linterna como fuente de poder para el protagonista, que lucha contra una oligarquía que gobierna de manera injusta. Es justo en la linterna donde podemos apreciar en el arcano la cabeza de la serpiente mordiéndose su propia cola. En esta cinta la linterna-objeto cobra vida en la linterna-mujer, representación de la diosa Ishtar que requiere justicia para con su pueblo, y así el cambio viene del exterior.     

agarandbeaumont[1] Mole18 Sobre la resonancia del ermitaño en uróboros:

La letra Teith (ט) está en correspondencia con la 17ª runa «Tyr» y el noveno arcano del Tarot, el «Ermitaño». La forma de la letra Teith (TET) proviene de un viejo ideograma que representa una serpiente que se muerde la cola. La simbología de la serpiente es muy amplia y existe en una multitud de culturas. Asociada al «Ermitaño», que se refiere por excelencia al inconsciente y a los deseos profundos de nuestra naturaleza, la simbología de la serpiente también alude al caduceo de Mercurio, que representa la energía remontando a través de los centros o plexos.  

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[caption id="attachment_102103" align="aligncenter" width="189"]La carta según el Tarot Golden Dawn La carta según el Tarot Golden Dawn[/caption]

 

[caption id="attachment_102109" align="aligncenter" width="177"]La carta según el Tarot Rider La carta según el Tarot Rider[/caption]

Perderse en el bosque a propósito

Hay dos cintas japonesas que elaboran cinematográficamente cómo el bosque es un lugar especial para desarrollar la conciencia en términos del ermitaño junto a la naturaleza. Recordemos antes que su nombre proviene de habitar una ermita que, según el Diccionario de la Real Academia Española, es una capilla o santuario, generalmente pequeños, situados por lo común en despoblado. O sea, en la naturaleza; las ermitas por lo general estaban en medio del bosque y, con justa razón, el contacto con la naturaleza le es básico al ermitaño para despertar. En El bosque del luto (Naomi Kawase, 2007), Machiko se muda lejos de la ciudad para trabajar en un asilo de ancianos; es un movimiento ermitaño porque necesita recuperarse de la muerte de su pequeño hijo (procesar la muerte en la soledad, trabajando). Ahí se encuentra con un viejo llamado Shigeki, quien no se ha repuesto de la muerte de su esposa. Cierto día, al explorar el monumental bosque se extravían y entran a un vientre ancestral que les presenta sus sombras más grandes, para absorberlas y volver a nacer con ayuda del otro. El ermitaño es quien los arropa, y al mismo tiempo Shiegeki con su poca habla encarna al ermitaño que hace que Machiko pueda soltar su pasado para despertar a su presente. A este respecto, es importante la escena donde comparten el calor del fuego de una hoguera, en medio de la negritud nocturna del bosque. 

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De igual manera en la joya minimalista, bucólica y naturalista japonesa hasta los huesos, Distancia (Hirokazu Koreeda, 2001), algunos familiares de miembros de la secta japonesa Aum Shinrikyo (Verdad Suprema o Arco de la Verdad), que intentaron envenenar a su ciudad antes de suicidarse, visitan a sus muertos. Un vendedor de flores, un instructor de natación, una maestra y un oficinista se embarcan en un viaje por el bosque que ya es un ritual anual hasta la cabaña que albergaba al culto. El ermitaño les dará respuestas no sólo de sus familiares sino de la humanidad entera, por medio de reflexionar sobre su manera de vivir y su relación interpersonal colectiva.   

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Alejandro Jodorowsky nos dice bastante de este arcano en un hermoso poema, de alguna manera, de forma indirectamente directa:

No me digo inútil, no me digo parásito, no me digo intruso,

alzo mi lámpara en medio de la locura y la ignorancia.

Semejante a una luciérnaga mi resplandor es un llamado.

La conciencia no me sirve, es un ojo que flota en la nada.

Indiferente el mundo me expulsa hacia un futuro múltiple

donde el azar me otorga uno de sus innumerables caminos,

anillo absurdo que otorga como final el regreso al origen.

¿Si el creador se traga a su obra para qué entonces pare?

No voy, me llevan. No hago, me sucede. No elijo, me imponen.

No hablo, como un río indolente las palabras fluyen de mi boca:

no son mías, el tiempo las produce. Y este amor, este deseo,

este doloroso palpitar obedece a planes de un señor invisible.

¿Por qué sabiendo que soy una ausencia me permito sufrir por tu ausencia?

¿Acaso eres Tú el verdadero ser y yo una sombra?

¿Sin ti, a dónde va la mirada?

Mi vejez es la del mundo. Sólo Tú permaneces incambiado.

Aquella lámpara que alzo es el resplandor del alma.

Cada cual destruye las ruinas del lenguaje a su manera,

veneno que se infiltra en la carne y en la sangre

para transformarnos en trajes hechos de palabras,

pájaros sin patas ni raíces, espuma que brilla

en el estadillo del segundo para no dejar huella.

¿Qué resta de nosotros sino un ataúd lleno de frases?

Conceptos que disfrazan la angustia gutural del mudo

que no ha encontrado la forma de emerger

rompiendo el hueso testarudo de su frente

para ser un ángel cascabel sembrando sólo música,

alzando una linterna que nutre su luz de las entrañas.

Ir avanzando cual estopa inflamada por el cruce

de incontables destinos, larva que se esfuma

admirando la hermosura del mínimo detalle,

canto moribundo de un piélago de instantes,

ave que ha perdido todas sus plumas, ánima

que se deshace en lluvia, carne que se disgrega,

sangre convertida en cruz, pensamientos que vagan

como aromas, memoria que es melodía ambigua,

conjunto de ondas circulares entrando en la frontera

que nos separa del vacío, conciencia impersonal

que es el carbón del fuego que da vida a mi lámpara.

Que no se me pida la verdad, que se clave en mis pies

y mis manos la terrible belleza, la incisiva soledad

hija del resplandor perecedero, invisible diamante

que nos fascina solamente por sus brillos,

felicidad fugaz que da sabor al ojo eterno,

luz castrada de esperanzas que se vierte

en la oscuridad de la infinita catacumba.

Oscuridad fluida que se hace letras y números,

creando, preservando, transformando, sin buscar

futuros horizontes. Caminando hacia dentro

vuelvo a mi propia fuente. Aprendiendo a callar

encuentro en mí mismo lo que ha sido olvidado.

Más profundo que el abismo secreto que se abre

en el fondo del último averno, más discreto

que el manto de tierra que cubre al pan caído,

más prudente que los paso de un felino negro,

más generoso que un rey vestido de mendigo,

más verdadero que los huesos del profeta,

paradoja de la totalidad, testigo errante,

amortajada en mi espalda viaja la muerte.

El mundo entero es un conjunto de nubes.

Ni la gloria ni el poder logran atarme.

Sólo me pueden robar lo que no es mío.

Mas nada tengo: tú eres todo lo que yo soy.

Y unidos somos la soledad de Dios.

Dejar lo seguro por lo incierto, sembrar mi silencio

en los cuatro rincones del mundo, encender una luz

en el corazón de la sombra, subir de la presa al alma

hasta que mi fervorosa carne caiga en pétalos

y que tan sólo mi lámpara, estrella interior,

centro ardiente de la esfera negra, sobreviva.

(“Yo, el Tarot”)

 

Fuentes

Lévi, E. Dogma y ritual de la Alta Magia.

Mayer, H. Cómo predecir el futuro con el Tarot.

Nichols, S. Jung y el Tarot.

https://kalima001.wordpress.com/2014/08/24/el-ermitano-el-mago-de-la-voz-de-la-luz-el-profeta-de-los-dioses/

http://www.adivinario.com/cabala_309.php

http://www.dimensiones.org/canales/topicos/Letras%20Hebreas/09%20tet.htm

http://www.enbuenasmanos.com/psicopompo

https://www.karmafilms.es/html/elgransilencio.html

 

Twitter del autor: @psicanzuelo

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