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Por medio de un análisis exhaustivo de los 22 arcanos del tarot se intentará darle un sentido al ejercicio cinematográfico como regulador de la percepción de la vida

cartas tarot las torres

La casa de Dios es la liberación del espíritu

Es interesante cómo Papus conecta de entrada el arcano con la letra hebrea Ayin:

AINSe han encontrado relaciones entre la letra y el espacio que se abre en la frente entre los dos ojos, quizás por eso también se llame la carta de la casa de Dios. El lugar donde debe estar la energía para poder mirar divinamente. Para ser más exactos, según Papus tendría que ver con la destrucción divina; es la caída de Adán y Eva pero también la entrada del espíritu santo en la materia. La carta es dramática, un rayo cae en una torre y hace que caigan las personas que se encuentran arriba, esto es un cambio súbito, sin aviso, que nos toma desprevenidos, bueno, al consultante. Sally Nichols nos habla del rayo específicamente, de cómo le temían los griegos antiguos al ser extensión de Zeus, pero que en los diagramas antiguos de árbol de la vida cabalístico también se usa al rayo como una fuerza divina que conecta entre sí las sefirots. Entonces podríamos entender la caída de los dos hombres de la torre por culpa del rayo como una liberación para entrar al mundo real. Una gracia salvadora más que un castigo merecido, según Nichols, en este sentido se podría hablar de películas como El vuelo (Zemeckis, 2012) donde después de un accidente que es una aparente tragedia se esconde un proceso de transformación para el piloto comercial Whip Whitaker (Denzel Washington) que lo termina liberando aunque parezca que ha perdido todo. Para Whip la torre era un espejismo, o mejor dicho un capullo y por medio del rayo finalmente se terminan de  abrir sus alas y puede aspirar a volar en realidad, no más con metálicas alas de avión, sino que son sus propias alas de quetzal espiritual, alas de luz que lo llevan a nuevos universos.  

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El gangster en caída libre

Por otro lado, si quieres elegir una carta para tenerle miedo, no elijas la muerte ni elijas al Diablo, la torre es una carta mucho más apta para recibir ese tipo de atenciones. La muerte es inercia, cuando llega sólo llega y no hay nada que hacer, la guadaña es filosa y corta de tajo. Al Diablo uno le rinde pleitesía sin siquiera saber que existe en verdad, es inconsciente nuestro abandono; pero en el caso de la torre es la conciencia total, despertar con violencia y percatarnos de estar cayendo en tiempo presente, y vivir la caída al suelo que se encuentra a muchos metros de distancia. La torre en ciertos contextos puede presagiar la más terrible destrucción después de una fortuna que no era tan sólida. En estos sentidos no podemos dejar de pensar en las películas de gangsters, con su personaje de varias carencias, su ascenso súbito por parte de un insignificante maleante que con base en su ambición se transforma en líder para rápidamente convertirse en un gigante del crimen organizado. El problema es que no lo puede ser por mucho tiempo porque pronto se viene su caída inminente y trágica, por demás violenta. Sigamos pensando en ejemplos, que hay vastos, pero quizás nos funcione bien la segunda versión de Cara cortada (Brian de Palma, 1983), después de la de Howard Hawks (1932). Tony Montana (Al Pacino) es un refugiado Cubano en Estados Unidos durante el éxodo de Mariel, quien pronto tiene una oportunidad para escalar en negocios sucios que tienen que ver con el trafico de cocaína.    

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Más allá de defectos trágicos en Montana, lo que nos compete es la manera como escala la torre en toda la película, así está diseñado el guión, para finalmente caer con estrepito desde lo alto. En realidad estas cintas están construidas así, son rituales tribales, el iniciado sube hasta lo alto y se deja caer en un sacrificio de redención.  

 

La búsqueda

Por el lado espiritual, que trasciende la búsqueda por medio de iluminaciones en un camino salvaje, nos encontramos cerca de Humo sagrado (Jane Campion, 1999). Recordemos que el arcano también tiene que ver con un trastorno, con la adversidad, y la pérdida de amor por el cambio terrible. La sensual Ruth (Kate Winslet) cree existir en una iluminación profunda viviendo dentro de un ashram en la India siguiendo las doctrinas de su gurú de cabecera, hasta que su madre la trae de regreso a Australia por medio de mentiras. Ruth trata de regresar al nirvana físico pero es impedida por un agente que se dedica a desprogramar gente que haya estado en sectas, P. J. Waters (Harvey Keitel). Así se le viene encima el rayo a Ruth que la tira de su torre más alta, para que a su vez se pueda transformar en un poderoso rayo que golpea mortalmente a Waters, constituyendo una lucha por el despertar de conciencia fuera de cualquier actitud fingida o protocolos de cemento, sin margen a cualquier hipocresía social para poder sobrevivir fuera de la torre, y nacer dentro de una luz real.

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Esto lo mira Nichols en la carta por medio de sus dos integrantes humanos que caen desde las alturas; ella dice: 

Los dos habitantes de la torre, cuyo reciente encarcelamiento indica obviamente un estado de desequilibrio psíquico. Parece evidente que si este espíritu emplumado no llega a tocar sus vidas, su destino habría sido una caída más drástica que la que aquí se representa… Su universo está siendo destruido pero en lo profundo de su inconsciente yace una sabiduría que está más allá de su conocimiento… Todo cambio físico importante se experimenta como un acto de violencia.

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Películas como Estados alterados (Ken Russell 1980) tienen que ver con lo que cinematográficamente sucede en una especie de torre que es metaficcional en la cabeza del espectador, por medio de experimentar la famosa empatía con el personaje, combinada con recursos visuales en las manos de un artista como lo es Russell; algo así como cine comercial en las manos de un artista poco convencional y talentoso. Para Jessup (William Hurt) son las alucinaciones las que tumban los muros que contienen su conciencia, que en la pantalla tienen feroces aproximaciones visuales por medio de potentes efectos especiales a cargo de John Dykstra (X-Men: Apocalipsis), que provienen de una narrativa de Russell para quien el cine es eso, una torre iluminadora.

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La destrucción obvia

No podemos dejar de hablar de las películas de desastre, un género privilegiado por Hollywood desde sus inicios con epopeyas históricas construidas para provocar a grandes escalas: incendios, terremotos, maremotos etc… que siempre funcionaron para vender boletos, porque a la gente le gusta mirar catástrofes sin estar expuestos. Cintas como Infierno en la torre (Irwin Allen y John Guillermin, 1974) son referencias obligadas para quien estudie el naipe cinematográficamente, cintas que se prestan para las más descabelladas y divertidas interpretaciones.  

 

Infierno En La Torre (1974) de Infierno_En_La_Torre en Vimeo.

 

Fuentes

Couste, A. El tarot o la máquina de imaginar.

Nichols, S. Jung y el tarot.

Papus. El tarot de los bohemios.

http://www.chabad.org/library/article_cdo/aid/137088/jewish/Ayin-Leadership.htm

http://www.losarcanos.com/tarot-la-torre.php

 

Twitter del autor: @psicanzuelo

También en Pijama Surf: Las 22 puertas del castillo-espejo: XVI El Diablo (la carta XV)

Una interpretación esotérica de las palabras sagradas de profetas y divinidades, guiados por Aleister Crowley

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Analicemos este infográfico, publicado por el sitio Aristocrats of the Soul, basado en el Liber Aleph de Aleister Crowley. Ahí Crowley enuncia una especie de linaje de los ocho grandes magos de la historia (entre los que se incluye sin ningún recato). El razonamiento de Crowley es que estos grandes líderes religiosos (y algunos dioses incluidos) pueden verse también como poetas trascendentes, es decir, magos, encarnaciones de la la palabra o vehículos del Verbo Divino. Esta transformación divina, de poeta a mago o profeta, parece estar hecha a la medida para Crowley, quien en su juventud quiso ser el más grande poeta de Inglaterra (un deseo que nuna extinguió) pero que luego se concibió como un mago y como un profeta, la encarnación del "Nuevo Eón", el Eón de Horus, el Hijo. 

Crowley diferencia entre los meros poetas y los magos. A los primeros los llama "encarnaciones del Zeitgeist" y explica que dicen la verdad de las cosas, pero no la verdad universal, como Shelley, que "pronosticó la caída del cristianismo, la organización del trabajo y la libertad de las mujeres"; o Nietzsche, "quien declaró el principio que causó la Guerra Mundial". Un escalón arriba están los Magus, que son la verdad misma, la ley encarnada y pueden llamarse el Logos o Logos Aionos. Los Magus, según Crowley, son extensiones de la divinidad que preparan "la quintaesencia de la voluntad divina para el hombre, en su totalidad, comprendiendo todos los planos, para que su Ley sea simple, radical y penetre todo el espacio desde un único punto de luz". Algo como una descripción cabalista del proceso creativo perpetuo, la cosmogénesis que es el verdadero significado del "aquí y ahora".

El primero en esta lista de emanaciones del Logos, magos-filósofos que se caracterizan por tener una palabra divina que sintetiza su doctrina, y que se vuelve una fórmula mágica, es Lao-Tse. Crowley dice que el TAO es la palabra mágica que Lao-Tse utiliza para designar el todo: "La naturaleza verdadera de las cosas, siendo un camino, es decir, un concepto cinético no estático". Y en su irreprimible promiscuidad se equipara también con Lao-Tse, en quien ve un hermano insospechado de Thelema. "Enseñó este camino o armonía en la voluntad, algo que yo he mostrado también en este pequeño libro". 

En el caso de Gautama Buda, Crowley considera que su palabra mágica es ANATTA, "puesto que la raíz de su doctrina es que no existe el atman, o alma, como suele traducirse, refiriéndose a una sustancia incapaz del cambio". Esto es la noción de que el yo es impermanente e interdependiente y por lo tanto no puede afirmarse su persistencia. Lo único que une e integra este yo es nuestra creencia en él y el karma que hemos echado a andar, una vez que se disuelve este ap-ego al yo y se resuelve el karma el individuo se disuelve en el todo que es puro devenir, sin principio ni fin. Crowley --quien fuera famoso por su disolución (y no me refiero a disolver su yo en el nirvana), sin embargo, fue en su juventud un disciplinado yogui y meditador, habiendo pasados largas temporadas en Asia estudiando budismo y vedanta-- habla con cierto conocimiento cuando explica que Buda fue quien "más profundamente exploró y mapeó la volatilidad de la mente, y entregó las llaves de su Fortaleza a las manos del hombre". Nota también que la gran aportación del budismo es su riguroso análisis de la naturaleza de la mente, fruto de "la gran intención de dirigir la mente hacia sí misma".

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Luego Crowley menciona a Krishna, "el de formas y nombres innumerables", a quien otorga la palabra mágica AUM, la cual conlleva una "enunciación de la Verdad de la Naturaleza". Esta sílaba es, por supuesto, el sonido primordial de la cosmogonía védica, equiparada con el Sol, con la divinidad y con la totalidad del universo. Generalmente se asocia con Brahma, pero siendo Vishnu parte de la trinidad (junto con Shiva) se puede extender a Krishna, quien es la la encarnación de Vishnu, el guardián supremo del cosmos. En el Vayu Purana se dice que la A es Brahma, la U es Vishnu y la M, Shiva. En el Bhagavad Gita, Krishna le dice a Arjuna: "Yo soy el Padre del mundo, Madre, Legislador, Abuelo, Aquello que es conocido, el Purificador, la sílaba Om, Rik, Saman y Yajus". 

Crowley hace una conexión esotérica entre AUM y la fórmula divina que contienen las siglas INRI, las cuales asocia a Dionisio, quien como Cristo es dos veces nacido y es el redentor del mundo (de su sangre mezclada con los restos de los titanes se hizo el hombre, según la mitología griega, otorgando así al ser humano la chispa divina). INRI puede significar Ieuss Nazarenus Rex Iudeadorum (Jesús de Nazareth Rey de los Judíos), pero también la famosa máxima alquímica: Igni natura renovatur integra: "La naturaleza íntegra es restaurada por el fuego". Crowley explica, siguiendo la cábala, que dentro de INRI se encuentra el nombre divino IAO (y aquí la similitud con AUM). Este nombre, IAO, es dentro del gnosticismo el nombre de una divinidad principal, un código a veces combinado con el conocido Abraxas. Crowley dice: "El significado de la palabra [IAO] es la Obra que opera en la Naturaleza en su Transformación; esto es, la fórmula mágica a través de la cual todas las cosas se reproducen y se recrean". El fuego que renueva la naturaleza, tanto la vibración creativa brahmánica como la tempestad destructiva de Shiva. Shiva, quien tiene tantas similitudes también con Dionisio, de quien Crowley dice que "dispuso las fundaciones de la Ciencia... esto es, de causar que la naturaleza externa se transforme en armonía con nuestra Voluntad".

En su propia versión de la prisca theologia, Crowley continua diciendo que Tahuti o Thot (el Hermes egipcio) confirmó esta potentia, "demostrando cómo a través de la mente era posible dirigir las operaciones de la Voluntad". La palabra de Thot es AMOUN, "a través de la cual hizo que el hombre entendiera su naturaleza secreta, la unidad con su ser verdadero, o, como lo frasearon, con Dios". Este AMOUN (palabra mágica de la cual deriva posiblemente el AMÉN) es una formulación similar, según Crowley, al ATMAN como identidad con el BRAHMA, como se asevera en los Upanishads. La palabra "amun" en Egipto significaba oculto, o aquel que yace oculto, y era uno de los apelativos de la divinidad suprema: justamente aquello que yace oculto en el hombre es su naturaleza verdadera y divina. En hebreo "amén" significa verdad, no es tan disparatado pensar en una etimología común, herencia de la importante influencia de la cultura egipcia en el esoterismo judío.

Crowley sigue el eslabón con Moisés, a quien considera un alumno de Thot, a quien la antigüed atribuye la escritura del Génesis conforme a claves de gematría y cábala. Su palabra, nos dice Crowley, es IHVH, esto es Yod-Heh-Vav-Heh, el teónimo (o tetragrammaton) que debe mantenerse, según la tradición, sin pronunciarse. Letras que son, según la cábala, una especie de algoritmo de toda la creación, la cual está contenida en ellas implícitamente. Dice Crowley que esta palabra debe entenderse como aquella que "se ha visto y escuchado en rayos y truenos en tu iniciación... pero esta palabra es en sí misma un plan del tejido del universo, y sobre ella ha sido elaborada la Santa Cábala". En su visión más esotérica considera que el mago Edward Kelly, quien colaboró con John Dee en el desciframiento del lenguaje de los ángeles o de Enoch, es el heredero de Moises en esta tradición y --como era de esperarse-- él mismo es parte de esta flamante línea de profetas-poetas de la Palabra Divina. 

De Mahoma, quien ocupa el séptimo lugar en está ogdóada de magos, Crowley es un tanto oscuro y dice que prefiere no definir el término ALLH. Sin embargo, explica que su intención era mostrar la doctrina de identidad y unidad entre Dios y el hombre y promover la cooperación en lo que esboza como una "ciencia" de la voluntad. Mahoma, dice Crowley, llegó al mundo en la "época de máxima corrupción y oscuridad", por lo cual aún está "oculto en el polvo del Simoon y no lo podemos percibir en su verdadera gloria y esplendor". Dicho eso, Crowley no puede evitar decir que la palabra sagrada es LA ALLH, "No Dios", y esto es "el misterio de los misterios", una provocadora interpretación de la interpretación común del significado de esta frase, que es "no hay dios, sino Allah". ¿Acaso Crowley busca un poco del misticismo propio de la paradoja y el shock cognitivo? 

Por último, al final de esta línea de bardos-téurgos, Crowley se coloca a sí mismo con su palabra THELEMA, la semilla-corona del Nuevo Eón, según expresó en el Libro de la Ley. Thelema es la abadía que aparece en Rabelais, y que significa voluntad: de ahí su lema, "Haz tu propia voluntad, esa será toda la ley", del cual deriva también "Amor es la ley, amor bajo voluntad".

A la luz de esta lista, la operación mágica de Crowley, cargada del enigma que tanto fomentó, se vuelve sumamente simple y fácil de comprender. El haz tu voluntad es hacer la voluntad de la naturaleza o de Dios, puesto que el mago reconoce que su yo individual es una ilusión y su naturaleza verdadera es la identidad con la divinidad. Este es el gran secreto, que no lo es tanto si uno estudia el esoterismo de las diferentes religiones. Así fácilmente se pueden reconciliar filosofías tan aparentemente discrepantes como el Tao y la Thelema de Crowley. En esa concordancia, en esa armonía --seguir el Tao, hacer tu propia voluntad--, está la base de la magia. "No tienes ningún derecho más que hacer tu propia voluntad. Haz eso y ningún otro dirá 'no'. Puesto que si tu Voluntad es verdadera, su realización es tan segura como que a la luz del día seguirá el amanecer. Tan segura como la operación de cualquier otra ley de la Naturaleza; es Destino. Así".

Hasta aquí este esbozo del sistema mágico de Crowley ligado a la intención y a la palabra. Mucho se podrá cuestionar la congruencia de este controversial personaje, cuyos actos parecen ciertamente empañar lo que, por otro lado, es una filosofía refulgente, llena de fuerza vital, humor, innovación e irreverencia. Es por esto mismo que Crowley se ha convertido en una figura tan popular, el gran ocultista pop. Su aparente inmoralidad atrae enormemente a nuestra era (lo cual podría considerarse un signo de nuestros tiempos); detrás de este personaje hay ciertamente grandes pinceladas de genio, lamentablemente todo esto se vuelve una fuerza confusa y caótica cuando se vincula a la trama megalómana de su vida. Nos dirían los antiguos: "para conocer la doctrina hay que vivir la vida".  

 

Twitter del autor: @alepholo