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Una fascinante historia en que el pensamiento mágico y racional convivieron hasta el límite de lo insospechado

En 1941, Jack Parsons fundó el Jet Propulsion Laboratory con fondos otorgados por la National Academy of Sciencies. Su misión era desarrollar mejores técnicas y combustibles para las fuerzas aéreas. Este fue el primer grupo de investigación de ingeniería espacial subsidiado por el gobierno estadounidense.

Uno de sus experimentos principales, llamado "Jet-Asssited Take Off" (JATO), fue un combustible sólido con suficiente estabilidad como para ser almacenado indefinidamente. Con el tiempo, otras versiones desarrolladas a partir de ésta serían utilizadas para transbordadores espaciales de la NASA y misiles militares.

En ese mismo año, Jack comenzó una relación con la hermana menor de su esposa, de tan sólo 17 años, por recomendación de la iglesia a la que pertenecía; mientras, su esposa frecuentaba a uno de los miembros más antiguos de la logia. Todos ellos, junto a otros creyentes, habitaron durante meses una gran casa en la que el intercambio de parejas sexuales y el uso de drogas era cotidiano. Pertenecían al culto "Thelema", fundado bajo la filosofía de Aleister Crowley.

Ante el escándalo local y el constante hostigamiento de la policía y el FBI, terminó por ser expulsado del grupo de investigación y de la compañía Aerojet, en la que trabajaba, para fundar Ad Astra Engeneering Company.

En 1945, Ron L. Hubbard, famoso escritor de ciencia ficción, se mudó a la gran casa ocultista en Pasadena, California. Jack, celoso del súbito enamoramiento de su esposa, aumentó su interés por la magia negra y los fenómenos paranormales; se involucró más en los rituales ocultistas que implicaban masturbación sobre tablas mágicas al ritmo de la música, entre otras actividades. El poco dinero que le quedaba lo perdió invirtiendo en una supuesta franquicia de yates manejada por Hubbard. Su esposa terminaría huyendo con éste para fundar juntos la Cienciología.

Ya en la bancarrota, Parsons invocaría con insistencia a su pareja ideal hasta que ésta tomó forma en Marjorie Cameron, de quien se enamoraría perdidamente y a la que dedicaría un libro entero de poesía titulado Canciones para la mujer bruja.

Él definía su interés por la ciencia y las artes ocultas como la herencia lógica de figuras renacentistas como Newton que buscaban por distintos medios la expansión de la mente y el arte. Imaginaba nuevas formas de empujar los límites de la humanidad a través de la técnica y la magia, soñaba con un viaje en cohete a la luna. 

Trabajó como mecánico, manufacturero y coordinador hospitalario. Tuvo un breve periodo como pirotécnico para la industria cinematográfica de Hollywood. Tristemente, este período acabó con una explosión del que salió gravemente herido. Sus amigos sospechaban que detrás del supuesto accidente existía una conspiración para acabar con su vida.

Muchos de sus herederos y colegas piensan que Jack Parsons no ha recibido el crédito ni el reconocimiento que merece como fundador de uno de los centros de investigación clave que permitió la exploración espacial. Su legado científico ha sido opacado por la mala fama que sus creencias le provocaron.

Un experimento que no sólo prueba tu capacidad de soñar lucidamente, abre la puerta a descubrir un estado de conciencia verdaderamente primordial

En la cuarta entrega de esta serie  de "ejercicios de percepción espiritual", en los que revisamos algunas técnicas de grandes maestros espirituales y proponemos ejercicios para depurar la percepción, nos aventuramos a la dimensión de los sueños, específicamente a ese plano de posibilidades inconmensurables que se abre cuando despertamos en el sueño. El ejercicio que presentamos a continuación, cortesía de Alan Wallace, no se trata solamente de tener un sueño lúcido y disfrutar de un infinito hedonismo como si fuéramos el diseñador de nuestro propio videojuego, sino de utilizar ese momento peculiar para indagar la naturaleza de la realidad, en este caso la unidad mínima de percepción, la base energética de la conciencia. 

Alan Wallace, quien ha escrito extensamente sobre sueños lúcidos, particularmente desde la tradición del budismo tibetano, de la cual ha recibido enseñanzas de diversos maestros, incluyendo el Dalái Lama, en un reciente podcast planteó un interesante experimento para aquellos que logran tener sueños lúcidos con frecuencia o que buscan llevar su práctica a una nueva dimensión.

Wallace compartió una investigación preliminar que sugiere que se puede estar en un sueño lúcido profundo (dreamless sleep), es decir, dormido, sin soñar, pero lúcido, consciente de que se está en ese estado sin contenido. En ese estado (que recuerda al cuarto estado de conciencia de la tradición hinduista, turya)Ç explica Wallace que notablemente persiste el ritmo de la respiración, la sutilísima sensación del prana que atraviesa la dimensión que supuestamente divide el sueño de la vigilia.  Es decir. uno simplemente está consciente de la respiración y no existe nada más; dormido, tal vez como Brahma en la etapa del pralaya o no-manifestación, en la eterna marea cosmogónica.

Hay una forma de probar esto, según indica Wallace. Para hacerlo, un soñador lúcido, que ha descubierto que está soñando, debe detenerse en el sueño y suspender su atención del flujo de contenido que está experimentando "puede incluso cerrar los ojos, en cuestión de segundos todo el paisaje onírico se desvanece. Sólo se mantiene [el pasiaje onírico] por tu atención que se fija en él. No lo atiendas, no te involucres y se evaporará. Básicamente habrás apagado la máquina que enciende la imagen holográfica... Si, al hacer eso, logras mantener la lucidez, no te colapsas, mantienes el flujo de la cognición, entonces pasas directamente, suavemente, de un sueño lúcido a un dormitar lúcido".

La instrucción para los onironautas es que una vez que "la mente se ha disuelto en la conciencia del substrato", (en sánscrito alaya vijnana) cerca de un dominio que en el budismo se conoce como shamata (similar al samadhi del yoga), "descansando en esa luminosidad de la cognición", lejos de las creaciones de "la mente samsárica y de los mundos del deseo", prueba si eres "consciente del ritmo, incluso sin ser consciente de las sensaciones táctiles. Toma en cuenta que en el sueño no tenías noción de ninguna sensación táctil... cualquier sensación táctil que emerja en el sueño no es una sensación táctil, es puramente mental". Con esto Wallace nos quiere decir que durante el sueño lo que sentimos como una sensación física es una creación de la mente y, sin embargo, es posible que soñando podamos sentir la respiración, cuando todo lo demás ha sido eliminado, ese ritmo universal (el solve et coagula) persiste, como el sonido sutil de un mar sin olas. "Piensa que puedes estar en un espacio en el que no existen las apariencias pero, intuitivamente, en un nivel muy sutil, todavía estás en contacto con el ritmo. Es una especie de ritmo profundo, es el núcleo, es el prana".

Según Wallace dos personas han corroborado que esto es así, lo cual "significa que puedes mantener la noción del ritmo y alcanzar el primer dhyana (estado de absorción meditativa, gnosis). O sea que estás totalmente en ese espacio pero te sigues y puedes alcanzar el segundo y el tercer dhyana y hasta el cuarto, en el que finalmente la respiración cesa".

Así que cualquiera que se considere diestro en el arte de ensoñar, puede ponerse a prueba con este experimento, incluso le puedes escribir a Wallace al Santa Barbara Institute for Consciousness Studies y reportarle tus experiencias. 

Queda sólo la fascinante pregunta de por qué la respiración es lo único que se mantiene cuando ha cesado toda la información de lo que el budismo llama los seis campos sensoriales (ayatana: olfato, tacto, vista, oído, gusto y objetos mentales). Quizás esto tiene que ver con que el prana es considerado como la base misma de la conciencia, la energía que soporta la cognición, lo que conecta el cuerpo con la mente. El mismo Wallace, quien además de maestro de meditación budista es físico de formación, nos puede orientar en este sentido:

El espacio absoluto de los fenómenos es permeado no sólo por la conciencia primordial sino por la infinita energía vital de esa conciencia (jnana-prana), que tiene la misma naturaleza también que el "cuarto tiempo", una dimensión que trasciende el pasado, el presente y el futuro. Así que el espacio-tiempo relativo, la masa-energía y el cuerpo-mente emergen de esa última simetría del espacio absoluto de los fenómenos: el cuarto tiempo, la conciencia primordial y la energía de la conciencia primordial, todos los cuales son coextensos y de la misma naturaleza.  

Ese ritmo que, según relatan expertos soñadores lúcidos, permanece cuando se ha abolido todo el mundo de las apariencias es la forma más pura y directa en la que se manifiesta la conciencia primordial: la energía que permea el universo para vehicular y sostener la naturaleza cognitiva que es la esencia de la mente, esto es, jnana-prana (sabiduría primordial y aliento-energía). El espacio es la conciencia, y su potencialidad infinita de aparecer como cualquier cosa siempre es esa energía que se percibe como un ritmo, un soplo en la oscuridad primordial del cual emanan los mundos. 

Twitter del autor:@alepholo

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