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Este documental narra la historia de 8 personas que se internan en el Amazonas en un último intento por sanar

Psiconáutica

Por: pijamasurf - 12/23/2016

Tras agotar las opciones de la medicina alópata, un grupo de personas prueba la herbolaria de los chamanes y sus rituales

Durante las últimas décadas ha habido numerosos avances tecnológicos en el campo de la medicina, pero no han cambiado los paradigmas y creencias que dominan nuestro entendimiento de las correlaciones entre salud y enfermedad, cuerpo y mente, vida y muerte, de tal manera que al concentrarnos únicamente en la expresión física de una enfermedad, porque esto es lo que podemos percibir con los cinco sentidos y que por lo tanto nos parece real, dejamos de lado la posibilidad de atender todos los otros factores, mentales, emocionales y espirituales detrás de un desequilibrio. Esto último es lo que realmente es una enfermedad: un desequilibrio en la totalidad del ser. En otras palabras, al apostar por una visión permeada por un reduccionismo materialista hemos perdido la posibilidad de considerar, acceder y experimentar muchas otras dimensiones del ser, la existencia y la naturaleza de la realidad. 

 

Estos son algunos de los temas de fondo en un documental titulado Sacred science o Ciencia sagrada, que durante poco más de 1 hora nos permite atestiguar el proceso de ocho personas con diferentes enfermedades que deciden acudir a un retiro de 30 días en el amazonas y ponerse en manos de los remedios herbales de un chamán. Ocho personas a quienes la medicina alópata que ahora consideramos normal o estándar no les daba oportunidades de recuperación o calidad de vida. Algunas de las dolencias que experimentaban incluían varios tipos de cáncer, enfermedad de Parkinson, enfermedad de Crohn, diabetes tipo 2, síndrome de intestino irritable, alcoholismo y depresión. Durante el documental vemos a cada una de estas personas salir de su zona de confort físico y psicoemocional y tener la oportunidad de detenerse un momento para contemplar sus vidas, reflexionar y experimentar emociones rezagadas. Cada uno maneja la situación a su manera y recibe un resultado distinto de la experiencia. Algunos se curan, otros no y uno dejará el plano material en el camino, pero contemplar sus vivencias puede encender en el espectador la chispa del entendimiento de sus propios desequilibrios o enfermedades. 

 

Y ello porque, en resumidas cuentas y como uno de los participantes del documental comenta, las enfermedades están en la mente y el corazón de las personas y no son simplemente físicas, aunque tengan expresiones concretas en el cuerpo. Su tratamiento incluye algunas plantas de poder como la ayahuasca y el cactus conocido como San Pedro que profundizan el proceso de transformación de cada uno de ellos, pues para sanar de la enfermedad debe haber una suerte de muerte del aspecto que la causa y la identificación del ego con ese aspecto. El renacimiento puede experimentarse como la curación de la expresión física de la enfermedad, pero su expresión también se refleja en los aspectos espirituales y emocionales, de tal forma que la aseveración de que hay una nueva persona después del proceso de muerte o transformación resulta muy ajustada a la realidad. 

 

Un breve seguimiento de las políticas que han restringido, perseguido y castigado el consumo, siembra e investigación científica de esta planta

Durante años nos han bombardeado con campañas para satanizar esta sustancia o confundirla bajo esa amplia y poco informativa categoría de las drogas. En muchos países latinoamericanos, como México o Colombia, el costo de esta guerra internacional ha sido elevado.

 

El debate sobre sus riesgos, características y beneficios se ha reabierto desde hace algunos años. La comunidad científica ha notado la alarmante falta de estudios sobre la cannabis y sus efectos en nuestro cuerpo, además de las desaprovechadas aplicaciones industriales que se podrían desarrollar con ella.

De acuerdo con el observatorio global de políticas para las drogas, la cannabis (marihuana, ganja, mota, hierba, etc.) es la sustancia ilícita más consumida en todo el mundo y se planta en prácticamente todos los países. En el Informe Mundial sobre las Drogas 2013 se estimó que 180,6 millones de personas, entre los 15 y 64 años, la consumen, es decir el 3.9% de la población global.

 

 

Su uso, recreativo, religioso, medicinal e industrial, se remonta a los principios de la civilización. Aunque pertenece originalmente al Asia central y la India, se propagó rápidamente por todo el mundo.

La historia de su prohibición está íntimamente relacionada con la política estadounidense y es reciente. En 1906 se firmó la ley federal de comida y drogas, el primero de muchos actos legislativos que, junto a una constante campaña de criminalización de la sustancia basada en su asociación a diversas enfermedades, terminarían por empujarla poco a poco al terreno de lo prohibido.

Prohibir sustancias luego de asociarlas a grupos de migrantes demostró ser la manera más efectiva para inclinar la opinión pública a favor del gobierno federal. Así sucedió ese mismo año al prohibir el opio, típicamente relacionado con los chinos.

 

Harry J. Anslinger

 

Para 1930, la institución creada para cubrir la necesidad de control sobre el consumo cambia su nombre a FDA (Food and Drug Administration). Harry J. Anslinger, un implacable persecutor de los traficantes de alcohol durante la época de la prohibición, pasaría las siguientes 3 décadas persiguiendo enloquecidamente a la planta, difundiendo información falsa sobre sus efectos y posibles consecuencias de uso. De acuerdo con él, un carrujo podía volverte un filósofo o un asesino.

En diversos medios de comunicación estas ideas fueron repetidas hasta el cansancio. Baste recordar la terrible película de 1936, Reefer Madness, o la vasta maquinaria propagandística de Randolph Hearst, dueño de 30 periódicos a lo largo y ancho de EEUU (e inmortalizado por Orson Welles en Citizen Kane), que mediante el periodismo amarillista e información inventada contribuyó a la persecución cannábica.

 

 

Hearst contribuyó con Aslinger para falsear noticias y transformarlas en montajes que construyeron una imagen heroica del segundo. Prácticamente a él (y a Joseph Pulitzer) se debe el termino amarillismo. Junto a muchos otros magnates, Hearst se involucró en la batalla contra el cáñamo para abrirse paso entre su competencia; la industria farmacológica, química, papelera y textil unieron fuerzas para ganar terreno.

 

 

La gran depresión contribuyó a que un sentimiento antiinmigratorio se acentuara ante la amenaza de la mano de obra barata mexicana en un panorama desolador. Las historias de Hearst apuntalaron este sentimiento: la marihuana provoca sed de sangre, le da fuerza sobrehumana a los negros para violar blancas.

O esta “inspiradora” cita del propio Anslinger:

La mayoría de los fumadores de marihuana son gente de color, músicos de jazz y artistas. Su música satánica es inspirada por la marihuana. Cuando las mujeres blancas fuman marihuana comienzan a buscar relaciones sexuales con negros, artistas y otros. Es una droga que causa locura, comportamiento criminal y muerte – la droga que ha causado más violencia en la historia de la humanidad.

 

Para 1937 lograrían aprobar un impuesto sobre productos hechos con cáñamo, además los cargos por posesión y consumo eran severos, cosa que no cambio durante décadas. En 1961 se celebró la Convención Única sobre Estupefacientes, un foro internacional sobre control de drogas en la ONU. Se votó a favor de la prohibición total de la marihuana con usos médicos o científicos.

Desde sus principios racistas hasta sus fines industriales la prohibición de la marihuana fue fiel reflejo de las relaciones entre países colonizadores y colonizados, mientras que el uso de fármacos se regulaba, el uso de plantas asociadas a la medicina nativa se prohibía.

Para 1971 la Convención sobre Sustancias Psicotrópicas clasifica la principal sustancia activa de la marihuana, el tetrahidrocannabinol, dentro de las listas de clasificación de sustancias I (escaso o nulo valor terapéutico, amenaza especialmente grave a la salud pública) y IV (alto valor terapéutico, amenaza menor). Rápidamente los resultados legislativos de la convención serían ratificados por varias potencias y terminarían por delimitar los criterios de penalización en más de 180 países.

Luego del brutal fracaso de todas las iniciativas internacionales en su participación en la llamada guerra contra las drogas, muchos países y estados al interior de EEUU han dado paso atrás a las ridículas restricciones impuestas a una planta noble, mucho mas inofensiva que el alcohol o el tabaco, y cuya “sobredosis”, por mucho, te manda a dormir.