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Un ejercicio sencillo que surgió en un salón de clases nos enseña con simpleza la importancia de verificar lo que damos por verdadero en la red

Sabemos que en los tiempos actuales, cuando la era digital se consolida y avanza arrollando sin freno, resulta más urgente leer críticamente la información que circula en Internet y aun en los medios impresos. Identificar las noticias confiables de aquellas notas falsas o con información tergiversada debería ser una tarea cotidiana y, mejor todavía, fomentarse desde la infancia y la educación primaria.

Esto lo observó atinadamente Scott Bedley, un profesor de quinto grado en Irvine, California, y cofundador del programa Global School Play, que lleva 3 años funcionando y en el que han participado alrededor de 300 mil estudiantes de 50 países distintos. Dicho programa consiste en poner a los alumnos en situaciones lúdicas que les permitan distinguir cuando una información es errónea o, en su caso, deliberadamente equivocada y con fines macabros para la manipular la opinión pública y la toma de decisiones con impacto político, económico y social.

Todo comenzó con una inocente actividad en la escuela, cuando Bedley dividió a su clase de historia en dos grupos. Los alumnos del primer grupo se disfrazaron de colonizadores españoles mientras que los del otro fingieron ser periodistas. Entonces ambos grupos simularon una rueda de prensa. A uno de los pequeños colonizadores, caracterizado como Fernando de Magallanes, se le preguntó cuándo había realizado su expedición más importante, a lo que contestó: “en 1972 navegué alrededor del mundo entero”. Ante tal respuesta, Bedley preguntó al alumno dónde había encontrado esa información; “la googleé”, respondió el chico.

El profesor se sorprendió de la confiabilidad que su estudiante tenía respecto de su búsqueda. Desde entonces, comenzó a idear una manera de enseñar a sus alumnos a examinar y a distinguir la información verdadera de la que no lo es. Poco después dio con un estudio que define una noticia falsa como información deliberadamente falsificada y creada para generar más visitas en línea, misma que puede ser compartida más de 35 millones de veces y reproducida como un hecho verdadero.

Bedley entendió la gravedad de este asunto, más aún cuando se trata de la educación de las futuras generaciones. Así que pidió a sus alumnos que en sus futuras investigaciones académicas aplicaran los siete puntos siguientes:

 

  • Copyright o derechos de autor: Comprobar al final de la página web que la información corresponde a una propiedad intelectual.

 

  • Cotejar con múltiples fuentes: Corroborar la misma información en diferentes sitios web. Si la noticia ha sido replicada en diferentes medios es más probable su veracidad.

 

  • Credibilidad de la fuente: Verificar si el sitio web o la fuente han sido creados recientemente. Se puede confiar más en fuentes que llevan más tiempo en Internet por retrospección, mientras que los sitios más recientes no cuentan con un registro que permita corroborar su credibilidad.

 

  • Fecha de publicación: Comprobar si la página está al día con su flujo de noticias, si la información se ha mantenido tal cual o si ha sido alterada o editada.

 

  • Especialidad o experiencia del autor en la materia: Examinar si el autor es alguien especializado en el tema que trata. Por ejemplo, un investigador o un académico por lo general cuenta con más credibilidad.

 

  • Contrastar la noticia con algún conocimiento previo: Preguntarse si la información que leemos coincide con nuestra percepción o con nuestros conocimientos previos del tema.

 

  • La información es realista: Se trata también de usar el sentido común, ¿lo que leemos es algo auténtico o probable?

 

Estos puntos a la postre representaron la base para el Global School Play que Bedley desarrolló junto con otros colegas. El programa se vale de las nuevas tecnologías y funciona a la usanza del viejo juego de niños “Simón dice”. Varias clases en varias latitudes del mundo anglófono se conectan vía Skype y cada una elige a tres representantes entre los alumnos para presentar tres artículos distintos tomados de Internet. El resto de los alumnos se divide en equipos y gana aquel que identifique primero cuál de las noticias es falsa. Después los estudiantes discuten en línea y comparten el modo en que el equipo ganador llegó a tal veredicto.

En efecto, no es lo mismo decir "¿Esto es correcto, profesor?", que "¡Esto es correcto, profesor!". Y la cosa es que la verdadera eficacia de programas de esta índole deberá medirse fuera de las aulas, cuando los niños críticos no sean niños y se integren a la vida adulta. ¿Cuántos de nosotros, jóvenes adultos, adultos jóvenes o mayores, sabemos acceder a información real en la era digital?

Mientras pensamos en ello, Scott Bedley prepara su siguiente programa educativo, que no versará sobre distinguir la información falsa de la verdadera, sino en identificar las diferencias entre los hechos ocurridos y la opinión personal de un autor cualquiera. 

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Llevar una cerveza a Marte representa más retos de los que podríamos pensar

Cerveza, no puedo imaginar una semana sin cerveza. Pero puedo recordar perfectamente la primera vez que mi padre me dio una, tenía 16 años: “es muy importante que, ahora que empiezas a salir con tus amigos, sólo bebas cerveza. Pídele al mesero que te la abra en la mesa o frente a ti, y así te aseguras que no te den algo adulterado”.

Por supuesto, hice caso a mi padre (las dos o tres primeras veces que salí) y desde entonces no he dejado de beber cerveza y me cuesta trabajo imaginar mi vida sin ella. No visualizo un partido de futbol, una plática con amigos, un jueves en la noche o una visita a Alemania sin una cerveza.

Y es que, sin duda, la cerveza es una parte fundamental de la forma en que socializamos. Más allá de cómo vivimos nuestro día a día, imaginar un evento deportivo o un concierto, una boda o cualquier tipo de festejo sin esta longeva bebida es imposible, por eso la carrera por crear la mejor cerveza lleva siglos, milenios.

Pero hay otra carrera que, aunque tiene menos tiempo, hoy se relaciona perfectamente con la cerveza: la carrera espacial. ¿Cómo es esto posible? Hoy por hoy, y de acuerdo con los especialistas más aventurados, estamos a 1 o 2 décadas de colonizar Marte.

Esto nos lleva a una tercera carrera: ¿quién llevará la primera cerveza al planeta rojo? Más allá de que esta pregunta me sorprende, lo que me emociona es que alguien ya dijo "yo", y no, no se trata del astronauta o ser humano que quiera llevar una botella o lata en alguno de los compartimentos de su traje espacial, estamos hablando de una marca que en pleno 2017 se impuso el reto de crear una cerveza que pueda ser degustada en el espacio o en ambientes con menos gravedad que en la Tierra: el valiente se llama Budweiser.

Así, en la agenda de Festival SXSW 2017 aparecía una plática especial y espacial: "Bud on Mars", sobre la travesía de Budweiser para interactuar en el espacio. La charla, que fue moderada por la actriz Kate Mara (The Martian, 2015), resultó tan interesante como amena en gran parte por las intervenciones de Clay Anderson, quien narró de forma muy gráfica —efectos de sonido incluidos— uno de los principales problemas de tener una cerveza en el espacio. Anderson aseguró:

creo que uno de los principales retos está en que en la estación espacial no hay gravedad. Así que cuando vas de un ambiente con gravedad, como el que tenemos en la Tierra, a uno sin gravedad y tienes una bebida carbonatada habrá problemas. Ya hubo un experimento en los años 80.

“Cuando tienes una Budweiser en la Tierra y la abres no hay problema, quitas la corcholata, se oye un ‘ppsssst’ y listo, a disfrutar. Pero en el espacio se oye un ‘pum’ y después tendrás que limpiar todo”, afirmó el astronauta, quien cuenta con más de 40 horas de caminata espacial en su carrera.

En tono más serio el astronauta, quien ha vivido más de 150 días en el espacio, agregó:

Lo bueno de Marte o la Luna —escojan su planeta favorito— es que sí hay algo de gravedad. En Marte hay 1/3 de nuestra gravedad y en la Luna una sexta parte, así que tienes el beneficio de esta fuerza gravitacional que te ayuda a hacer lo que una cerveza en el espacio necesita hacer.

Pero los retos no se quedan nada más ahí, hablando específicamente de la cerveza. De acuerdo con Anderson, uno de los más interesantes para los ingenieros tiene que ver con la forma en la que se enviará la cerveza a Marte, es decir, en qué presentación la podremos disfrutar.

Y es que, según explica el astronauta, todas las bebidas que se consumen en el espacio están en bolsas y tienen que beberse con popote. Una vez que se termina de beber, se debe atorar el popote para impedir el paso del líquido y después succionar los residuos que queden en la parte superior de éste. Ya pueden empezar a imaginar cómo se servirá la cerveza en el planeta rojo.

¿Y qué hay de una de las reacciones físicas más relacionadas con la cerveza? ¿Se puede eructar en el espacio? ¿Cómo es? ¿Qué se siente? Por supuesto, Clay Anderson tiene la respuesta. El astronauta narró:

Estoy aquí para decirles que sí pueden eructar cuando están en gravedad cero. Podría resultar húmedo, dependiendo de qué tan hábiles sean. Pero si eres lo suficientemente inteligente y has pasado más de 150 días en el espacio, debes saber que tienes que dar algunas maromas para separar el aire del líquido en tu estómago… es entonces cuando ¡BUUUUURP!

Por su parte Patrick O’Neill, quien representó al Centro para el Avance de la Ciencia en el Espacio (CASIS, por sus siglas en inglés), explicó que ha habido casos en los que los astronautas de cansan de hacer las cosas de una u otra forma y ahí es donde viene la innovación.

Ejemplificó con el caso de un astronauta que, según narró, estaba cansado de beber su café desde una bolsa a través de un popote y se preguntó “¿qué pasaría si creo mi propia taza? Quizá sirva de cimiento para las tazas del futuro”, platicó O’Neill.

CASIS es el organismo que regula la Estación Espacial Internacional, considerado como uno de los laboratorios nacionales de Estados Unidos y, de acuerdo con O’Neill, Budweiser es sólo una de las empresas que está aprovechando que sus puertas están abiertas para experimentar con diversos productos que tendrían que ser llevados en la soñada jornada por conquistar el espacio o Marte.

Pero los retos no se resumen al empaque, los eructos o cómo le hacemos para no provocar un desastre al abrir una cerveza en ambientes con microgravedad. Valerie Toothman, presidenta de innovación de Anheuser-Busch (empresa dueña de la marca Budweiser y la más grande cervecera del mundo), hizo una anotación importante: independientemente de toda la materia prima que se necesita para hacer cerveza, “¡agua! Toda cerveza es 90% agua. ¿Alguien sabe qué no existe en Marte? Agua, es decir, cerveza. Esa es la tragedia y estamos aquí para arreglarlo”.

Finalmente, pero no menos importante: ¿Qué hay del sabor de la cerveza? ¿Beber una en el espacio sabe igual que beber una en la Tierra?

Clay Anderson lo sabe:

ir de la Tierra al espacio altera tu cuerpo por unos días porque está acostumbrado a la gravedad, y cuando llegas a órbita pasas de sentir todas las fuerzas del lanzamiento y la velocidad a un estado ‘sin peso’; tu cerebro no sabe qué está pasando, tampoco otras partes de tu cuerpo. Entonces te hinchas, se te tapa la nariz y no puedes tragar bien. Eso nos lleva a los sentidos, todos hemos tenido un resfriado en el que no puedes oler bien y eso es parte del sabor de las cosas, es una experiencia completa que tiene que ver con todo. Por eso muchos astronautas comen cosas muy condimentadas o picosas, como coctel de camarón con Tabasco, ya que se pierde el sentido del gusto.

Así que Budweiser visualiza ocho grandes retos para crear una cerveza que se pueda consumir en el espacio o en Marte:

1. Los astronautas pierden el sentido del gusto.

2. La presión atmosférica de Marte es 100 veces menor que la de la Tierra. Eso quiere decir que al abrir cualquier bebida con gas, ésta se convertiría en un líquido espumoso.

3. El agua es limitada en Marte y 90% de una cerveza es agua.

4. El agua en Marte es salada, la cerveza sería más agria.

5. La temperatura. Un día de verano en Marte puede llegar a 21ºC de día, pero hasta -38ºC de noche, lo que dificulta que la cerveza esté en su temperatura ideal de 3-4ºC.

6. La presión en el espacio es casi 0, por lo que una Budweiser no haría su tradicional sonido.

7. El lúpulo, ingrediente que da su amargura a la cerveza, necesita luz del Sol y agua. Desde Marte, el Sol se ve a la mitad de tamaño de lo que lo vemos en la Tierra.

8. Eructos húmedos. 

El reto está ahí. Está planeado que la Estación Espacial Internacional esté en órbita por lo menos hasta 2024, sus puertas están abiertas para que se experimente dentro de ella, no sólo con las reacciones de los productos sino también con las de nuestros cuerpos.

Elon Musk, creador de Tesla y Space X quiere enviar a dos turistas a darle la vuelta a la Luna, en su mira está Marte. ¿Será que de verdad estamos a 1 o 2 décadas de lanzar a los primeros pioneros, a los primeros humanos que pisarán el suelo del tan cercano pero lejano Marte?

 

Twitter del autor: @benjaortega