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Las indicaciones del gran maestro Dogen para hacer de la cocina parte del sendero que conduce a la iluminación

En los monasterios zen, el cocinero en jefe toma una prominencia que refleja la importancia del servicio en el sendero budista y en general en cualquier disciplina espiritual. El chef de un monasterio es llamado "tenzo", un término que significa literalmente "monje celestial". El tenzo, según el texto estándar Regulaciones para monasterios zen, citado por el gran maestro Eihei Dogen, es el que tiene la función de "hacer ofrendas en reverencia a los monjes". Es decir, los alimentos son considerados como ofrendas a la iluminación de los monjes. Nada más lejos de la preparación mecánica de los alimentos como un oficio menor. Esta posición es en realidad un gran honor, puesto que el budismo mahayana considera que la compasión, el servicio y la reverencia son parte esencial de la mente de la iluminación (bodhicitta en sánscrito) o de la mente que va hacia el sendero (doshin, en japonés) y, a su vez, estas actividades generan mérito, lo cual es algo así como la divisa de la iluminación o de una mejor vida futura. Asimismo, a diferencia de otras religiones nacidas en la India, el budismo toma un camino medio y considera que la vitalidad del cuerpo es importante (y rechaza un sendero de radical mortificación y privación); esto especialmente se resalta en las culturas del chan o zen, en China y Japón, donde se tiene una importante noción de la energía vital, la salud, la longevidad y la participación activa en la sociedad.

Dogen, patriarca de la corriente Soto en tierras japonesas, hace en su texto Tenzo Kyokun un elogio de la posición del tenzo, explica los requerimientos propios de la posición y da instrucciones para practicar el dharma budista en la preparación de los alimentos y en las labores adicionales que deben cumplir los tenzos. Estos son los lineamientos generales para los oficiales de un monasterio, incluyendo un tenzo:

1. Beneficiar a los demás --esto simultáneamente te beneficia a ti mismo.

2. Contribuir al crecimiento y elevación del monasterio.

3. Emular a los grandes maestros del pasado, siguiendo y respetando su excelente conducta.

Dogen cuenta que una vez en su juventud (en su viaje a China, en el cual recibió la transmisión directa) se encontró con un tenzo, al cual increpó diciéndole "¿Honorable tenzo, por qué no te concentras en la práctica del zazen y en el estudio de las palabras de los antiguos maestros en vez de meterte en problemas en la posición de tenzo y simplemente trabajar? ¿Acaso hay algo realmente bueno en esto?". A lo que el viejo tenzo le contestó: "Buen hombre de un país extranjero, no entiendes realmente qué es la práctica o el significado de las palabras de los antiguos maestros". Dogen, en su entusiasmo juvenil por la práctica de la meditación y el estudio de las escrituras, no se había dado cuenta todavía de que la verdadera práctica se incorpora a todas las actividades diarias, todas sagradas, pero especialmente aquella que está específicamente orientada al beneficio de los demás. 

Años después, ya de regreso en Japón, Dogen cuenta su indignación cuando en el monasterio Kennin notó que no se valoraba la posición de tenzo. "Aquellos que detentaban la posición no tenían el espíritu adecuado. Ni siquiera sabían que esta era una práctica de un buda, así que, ¿cómo podrían progresar en el sendero?". Esta es la visión correcta de lo que es un cocinero, una profesión digna de un buda, el privilegio de poder ayudar que alguien, por sus logros en la práctica del dharma, se ha merecido. Una visión muy distinta a la que caracteriza a nuestra era en Occidente: más que un CEO, el verdadero privilegiado es el cocinero. 

El texto (que puede leerse en su totalidad en inglés aquí) es de una gran belleza --como todo lo que escribió Dogen-- y debería ser un texto de cabecera para cualquiera que se dedica a la cocina y quiere darle profundidad y significado a su labor. Pero incluso si no somos chefs o si no somos budistas o monjes, etc., todos alguna vez cocinamos, o todos alguna vez preparamos algo para alguien y leer este texto nos permite encontrar inspiración para hacer de nuestras labores cotidianas un servicio lleno de propósito, una meditación dinámica cuyo elemento esencial es el cultivo de una mente compasiva, lúcidamente orientada al beneficio de los demás.

El tenzo de un monasterio zen es una especie de meticuloso y discreto agente que llena a la comunidad secretamente de bendiciones y vitalidad. Quizás desde diferentes trincheras podemos aplicar esto y convertirnos en benefactores de los demás, obrando con la inteligencia sublime del buddha-dharma que notó tempranamente que es una ley de la naturaleza, como explica Dogen, que beneficiar a los demás simultáneamente te beneficia a ti. A continuación una traducción de algunas de las recomendaciones de un tentativo manual de dharma cuisine, que hemos extraído del texto de Dogen, vertidas al español a partir de la traducción al inglés de Arnold Kotler y Kazuaki Tanahashi.

 

-Utiliza tu mente-que-se-mueve-hacia-el-sendero de manera cuidadosa para variar los menús de tiempo en tiempo y ofrecer a la gran asamblea bienestar y alivio.

-Respeta la comida como si la estuvieras preparando para el emperador. Ten el mismo cuidado para todos los alimentos, crudos o cocinados.

-Cuando laves el arroz y prepares los vegetales, debes hacerlo con tus propias manos y con tus propios ojos, haciendo un esfuerzo sincero. No te distraigas ni siquiera un momento. No tengas cuidado sobre una cosa y descuides otras. No desperdicies la oportunidad, aunque sea de sólo una gota en el océano del mérito; no dejes de colocar ni siquiera una sola partícula de tierra en la cima de la montaña de los actos virtuosos.

-Si los seis sabores no están bien logrados y la comida carece de las tres virtudes, la ofrenda del tenzo a la asamblea no está completa [los seis sabores son amargo, agrio, dulce, picante, salado, neutro; las tres virtudes de los alimentos: limpieza, delicadeza, formalidad].

-[Cuando limpias el alimento, preparas el arroz y los vegetales] tu asistente debe cantar un sutra para el espíritu guardián del fogón.

-Sobre todo, debes evitar enojarte y quejarte de la cantidad de los materiales de la comida. Debes practicar de tal forma que las cosas llegan a residir en tu mente, y tu mente regresa y reside en las cosas, a lo largo del día y la noche.

-Observa con ojos atentos; no gastes ni siquiera un grano. Límpialo de la manera apropiada, ponlo en los recipientes, haz un fuego, hiérvelo. Un antiguo maestro dijo: "cuando hierves el arroz, sabe que el agua es tu propia vida".

-Cuando preparas la comida, no veas con ojos ordinarios y no pienses con mente ordinaria. Toma una hoja de pasto y construye una majestuosa tierra de tesoros; entra en la partícula de polvo y haz girar la gran rueda del dharma. No generes una mente desdeñosa cuando prepares un caldo de hierbas silvestres; no generes una mente de alegría cuando preparas una fina sopa de crema. Donde no hay discriminación, ¿cómo puede haber mal sabor? Así, no seas descuidado cuando tienes materiales pobres, y mantén el nivel de tus esfuerzos incluso cuando los materiales sean excelentes.

-Tomando un vegetal verde, conviértelo en un cuerpo dorado de dieciséis pies, toma el cuerpo dorado de dieciséis pies y conviértelo en una hoja de vegetal verde. Esta es una transformación milagrosa --la labor de buda que beneficia a los seres sintientes. 

-Cuando hayas cocinado la comida de la mañana o la de la tarde, acorde con las reglas, coloca el alimento en las bandejas, ponte tu kashaya, esparce la tela para hacer reverencias, mira hacia la dirección de la sala de los monjes, ofrece incienso y haz nueve reverencias. Cuando las reverencias sean completadas, empieza a enviar la comida. Prepara las comidas de día y noche de esta forma sin perder tiempo. Si hay sinceridad en tu forma de cocinar y sus actividades asociadas, lo que sea que hagas será nutrimento para el cuerpo sagrado. Esta es la vía del bienestar y la alegría de la gran asamblea.

-Cuando recoges y preparas hierbas silvestres, hazlas iguales a una fina sopa de crema con tu mente pura, sincera e íntegra. Esto es así porque cuando sirves a la asamblea --el océano inmaculado del buddha-dharma-- no te percatas del sabor de la crema fina o las hierbas silvestres. El gran océano tiene un único sabor. ¡Cuánto más aún cuando haces surgir los brotes del sendero y nutres el cuerpo sagrado! La crema fina y las hierbas silvestres son iguales y no dos... Conoce que hasta las hierbas silvestres pueden nutrir al cuerpo sagrado y hacer surgir los brotes del sendero. No los consideres como algo bajo ni los tomes a la ligera. Un maestro que guía a los seres humanos y a los dioses debe ser capaz de beneficiar a los demás con hierbas silvestres. En el arte de la cocina, la consideración esencial es tener una mente profundamente respetuosa y sincera, más allá de las cualidades finas y groseras de los materiales. ¿Acaso no es verdad, que al ofrecer al Tathagata [nombre que recibe el Buda, aquel que habita en la talidad] un tazón con agua en la que había lavado el arroz una mujer obtuvo inconcebible mérito en sus siguientes vidas?... Incluso una ofrenda muy grande al Buda, si no es sincera, no es tan buena como una muy pequeña que es sincera. Esta es la práctica correcta para las personas.

-Al realizar tus tareas con los demás oficiales y miembros del monasterio, debes mantener una mente alegre, una mente generosa y una mente grande. [Una mente alegre surge de darse cuenta de la gran oportunidad que es la preciosa vida humana, en la cual uno puede estar cocinando alimentos puros en el plano de los humanos y no, por ejemplo, cocinando en el infierno para demonios. Esto es motivo de regocijo: se está cocinando en un plano en el cual el alimento puede producir gran bien y acumular mérito. Una mente generosa es una mente paternal: "debes cuidar al agua y a los granos con compasión, como si estuvieras cuidando a tus propios hijos". "Una mente grande es una mente como una gran montaña o un gran océano. No tiene particularidad o exclusividad. No debes considerar un gramo como ligero o una tonelada como pesada"].

-Si algo debe ser venerado, es la iluminación. Si algún momento debe ser venerado, es el momento de la iluminación. Cuando anhelas la iluminación y sigues el sendero, incluso tomar un grano de arena y ofrecerlo al Buda es benéfico; dibujar una figura del Buda y rendirle homenaje tiene también un efecto. ¡Cuánto más estar en la posición del tenzo!

 

Twitter del autor: @alepholo

El signo zodiacal de Acuario está al centro de un malentendido

El signo zodiacal de Acuario está al centro de un malentendido. No me refiero a que las personas nacidas con el Sol transitando en dicho segmento del zodiaco sean incomprendidas por los demás; me refiero a que los significados y correspondencias asociadas con el signo han sido distorsionados como producto de los cambios sociales que hemos ido sufriendo hace bastantes décadas. En particular, llama la atención aquella asociación de Acuario con una utópica e idealizada libertad individual. Aunque siempre es posible acomodar un poco las cosas para que encajen mejor en el contexto cultural e histórico que nos toca vivir, no es prudente sobrepasar los límites que la propia elasticidad hermenéutica del símbolo establece. Se corre el riesgo de traicionar su naturaleza intrínseca en favor de una exagerada polisemia. Al hacerlo, la astrología deja de reflejar los ciclos cósmicos y naturales para dar cuenta de las modas culturales y tendencias políticas de una época en particular. Volveremos a esto en seguida. Primero es necesario contar una curiosa historia que puede resultar sintomática.

Acuario arranca con una polémica que se inicia en 1781, con el descubrimiento de Urano por parte del astrónomo William Herschel. Pocos saben que en un comienzo Urano no se llamaba así. El nombre original con el que fue bautizado por su descubridor fue Georgium Sidus, sencillamente “planeta Jorge”. Esta extraña denominación fue la manera con que Herschel pretendió honrar al entonces rey de Inglaterra, su majestad Jorge III. Urano siguió denominándose planeta Jorge hasta bien avanzado el siglo XIX, para consternación de Johann Bode, colega que insistía en observar la vieja costumbre, exigiendo un nombre más mitológico. Fue él quién propuso llamarle Urano. El cambio de denominación no se hizo oficial sino hasta después de 1850. La proximidad de su descubrimiento con la sangrienta revolución francesa, ocurrida en 1789, y los cambios políticos y sociales acaecidos en el mundo a partir de ese momento, le dieron a Urano la fama de astro libertario y revolucionario.

Pero la cuestión no quedó allí. 1 siglo después de su descubrimiento se oían algunas voces que pretendían destronar a Saturno como regente tradicional de Acuario, proponiendo en su lugar a Urano. Hacia la primera mitad del siglo XIX empezaron a aparecer los primeros innovadores. Aunque no está muy claro quién fue el de la idea original, hay cierta evidencia de que un tal Raphael, conocido charlatán y ocultista de la época, habría sido el primero en promover el cambio en sus publicaciones. Otros señalan que fue John Varley, astrólogo de la época y amigo del poeta y artista William Blake. Lo cierto es que esta usurpación del trono acuariano no fue bien recibida por todos. Los más progresistas la defendían a rajatabla como una señal de los nuevos tiempos, con su masiva industrialización enmarcada en el contexto del estado liberal y democrático. Del otro lado estaban los conservadores, quienes sostenían que no se podía permitir que Urano entrara a destruir el equilibrio y la armonía existente en la asignación tradicional de regencias astrológicas. Y razón tenían, pues las regencias por domicilio habían sido perfectamente simétricas a ambos lados del grado cero de Cáncer, punto del solsticio de verano boreal. La estructura simbólica había sido así desde la fundación de la astrología occidental, unos 2 mil años antes de Urano. Adulterar la armonía de las esferas con una nota disonante no era algo para tomarse a la ligera.

El expolio celeste tomó bastante tiempo en asentarse. A comienzos del siglo XX todavía no estaba claro si Urano debía o no ser destinado en Acuario. Eventualmente logró acomodarse allí y destronar a Saturno. Lo mismo hizo Neptuno en Piscis, planeta descubierto en 1846 y que desplazó a Júpiter; luego fue el turno de Plutón en Escorpio, descubierto en 1930, que desplazó a Marte. Sin embargo, la parte más sabrosa de la historia es de reciente data. En los últimos años la lista de planetas enanos del sistema solar, equivalentes en tamaño a Plutón, ha ido creciendo de manera preocupante. Por nombrar sólo a los cuatro más relevantes, tenemos en el catálogo a los planetas Haumea y Sedna, descubiertos en el 2003, y a los planetas Eris y Makemake, descubiertos en el 2005. La pregunta es obvia: ¿a qué signo piensan asignarle la regencia de estos nuevos miembros del Sistema Solar, considerando que asemejan en volumen a Plutón? Es más, con estos cuatro nuevos miembros ya tendríamos 14 significadores planetarios... ¡pero sólo hay 12 signos zodiacales! El problema se agrava cuando nos enteramos de que existen alrededor de 200 planetas enanos como éstos en el cinturón de Kuiper, ubicado más allá de Neptuno. Lo tragicómico de la situación da como para una obra de Lope de Vega. Es evidente que algo no encaja, y todo comenzó con el azulado “planeta Jorge” en medio de Acuario.

Ciertamente Urano fue un descubrimiento que trajo consigo una alta dosis de caos al cosmos. Quizás no hemos entendido que el sistema tradicional de regencias, estructurado en orbes geocéntricos, es un mapa del universo espiritual y no del espacio exterior de la NASA. En él se preserva un orden arquetípico que obedece a una serie de reglas y principios simbólicos, matemáticos y filosóficos. La minuciosa descripción física del universo no es lo propio de la astrología. Su vocación es de orden metafísico, no científico. La totalidad de la comunidad científica estará de acuerdo conmigo en esto, pero probablemente muchos astrólogos modernos, que aspiran a ser reconocidos por la ciencia materialista, estarán en franco desacuerdo. Siendo transparentes, es bien obvio que la ciencia, su método y su paradigma, no son compatibles con la mirada hermenéutica y espiritual del firmamento que defiende la astrología. Pero volvamos con el primer intruso de todos: Urano en Acuario.

La revolución francesa le otorgó al muevo planeta el aura de rebelde, revolucionario y libertario. La posterior revolución industrial le agregó el aire de científico, tecnológico y progresista. De forma coherente, estos atributos le fueron trasladados a su nuevo domicilio, el signo del aguador. Resultaba lógico que si Urano representaba todo aquello, su signo también reflejara dichas características. Sin embargo Acuario, en el orden mitológico, no es realmente un inventor, ni un revolucionario, ni un redentor; es Ganimedes, el copero y amante de Zeus que distribuía el agua de la inmortalidad a los dioses. De todos modos, no hay mejor forma de entender su figura que remitiéndonos a los atributos originales presentes en la astrología de los primeros siglos. Es así que resulta sumamente interesante recordar los significados que los astrólogos de la antigüedad grecorromana, padres indiscutidos de la astrología horoscópica que utilizamos hasta nuestros días, le otorgaban al signo de Acuario. En particular, el astrólogo romano Vettius Valens (120-175 d. C.) nos regala una de las descripciones clásicas más precisas sobre el escanciador. En su famosa obra Antología, libro I, dice lo siguiente:

Acuario es un signo celestial masculino, sólido, antropomórfico, algo húmedo e individual. Es mudo, bastante frío, libre, de tendencia ascendente, feminizante, inmutable, básico, con poca descendencia; es causa de problemas surgidos del entrenamiento atlético, lleva cargas o trabaja con materiales duros, un artesano, alguien público. Los hombres nacidos bajo este signo son maliciosos, enemigos de sus propias familias, incorregibles, voluntariosos, engañosos, tramposos, ocultan todo, son misántropos, ateos, acusadores, traidores de la reputación y la verdad, envidiosos, mezquinos, ocasionalmente generosos por el flujo de agua del signo, e incontrolables.

Lo primero que puede sorprender al lector es la gran cantidad de atributos negativos asociados al signo. Esto se debe a que en la astrología tradicional su regente clásico es Saturno, el gran maléfico. Cabe aclarar de inmediato que por maléfico se entiende aquello que es contrario a la naturaleza de la vida. Siendo la esencia de Saturno muy fría y seca, los seres no prosperan bajo las condiciones que propicia este planeta. Por el contrario, la combinación de lo caliente y lo húmedo genera las condiciones idóneas para que prolifere la vida, como es el caso de Júpiter, el gran benéfico. Al respecto, el afamado Claudio Ptolomeo señala en su Tetrabiblos: “Saturno, por consiguiente, debido a que es frío y adverso al calor, moviéndose también en una órbita superior más remota de las luminarias, ocupa los signos opuestos a Cáncer y Leo: estos son Acuario y Capricornio; y son asignados a él en consideración a su naturaleza fría e invernal; y porque la configuración por oposición no coopera hacia la producción de bienestar”.

Las características tradicionales de Acuario tienen un tono pesimista por lo saturnino. Valens exagera al decir que los hombres nacidos bajo este signo serán maliciosos, incorregibles, etcétera. Su propósito es didáctico y en ningún caso debe ser tomado al pie de la letra, pues los astrólogos conocemos cientos de ejemplos en donde un ascendente acuariano o un Sol en Acuario no produce personas detestables, ya que cualquier juicio astrológico depende de la evaluación de un montón de complejos factores celestes y matemáticos en interacción. Lo importante aquí es notar la gran diferencia que existe entre la concepción clásica y saturnina del signo zodiacal con respecto a sus melifluas representaciones modernas. Aunque es razonable que la comprensión de un símbolo sufra cierto grado de adaptación con el paso del tiempo, su completa inversión no implica adecuación sino subversión, cosa totalmente distinta. Veamos, por contraste con Valens, lo que nos dice Linda Goodman en su popular libro Los signos del zodiaco:

A mucha gente le gusta el arcoíris. Al verlo, los niños formulan un deseo; los artistas lo pintan, los soñadores van en pos de él, pero Acuario les gana a todos: él vive allí. Lo que es mas, lo ha desarmado y examinado parte por parte, color por color, y sigue creyendo en él. No es fácil creer en algo cuando uno ya sabe como es en realidad, pero Acuario es esencialmente realista, aunque su dirección sea mañana, por señas estrafalario– melancólico–lejano.

Otra cita de interés, y que contrasta notoriamente con lo señalado por Vettius Valens, es la descripción del signo que realiza Liz Greene en “Primeros pasos en Astrología”. Allí señala que:

El hombre que lleva el cántaro de agua comparte libremente su agua con todos aquellos que estén sedientos. Los astrólogos piensan que este es un buen símbolo para las personas nacidas bajo el signo de Acuario, ya que son generosos para compartir sus talentos con otros. Los acuarianos son por lo general humanitarios. Esto significa que se encuentran interesados en la gente y que se preocuparán por la gente como un grupo. Éstos piensan que todos son sus amigos, sean blancos o negros, ricos o pobres, hermosos o feos. Acuario es un signo amigable.

Muchos acuarianos tienen mentes excelentes. Son muy listos para la ciencia y están especialmente interesados en cualquier cosa que pueda ayudar a las personas. A menudo se encuentran fascinados por los aparatos y las invenciones, y algunos acuarianos se vuelven grandes inventores. Otros apoyarán movimientos políticos referidos a cuestiones de libertad y justicia. Las personas de Acuario, no son muy emocionales por lo general, debido a que están mas interesados en compartir ideas y ayudar a otros.

Sí, las descripciones modernas son muy amables, o más bien dulzonas, hasta melindrosas. No parecen andar muy a tono con los jacobinos tiempos de Urano, cuando se cortaban cabezas de familias nobles, se incendiaban monasterios y se imponía el terror bajo los dictados de Robespierre, todo en nombre de la libertad. Es que finalmente aceptar los atributos de los llamados planetas transpersonales depende en gran medida de la evaluación que cada uno haga de la historia reciente. A diferencia del septenario tradicional, cuyas cualidades fueron desarrolladas tras una larga y paulatina observación de los ciclos de la naturaleza, los nuevos planetas son fruto de visiones políticas que surgieron como parte de los conflictos seculares que se iniciaron con la Ilustración, pasaron por la detonación de la bomba atómica en la segunda guerra mundial y llegaron hasta el movimiento hippie de los 60. Negarlo sería demasiado cegato. Y hay que entender que una cosa es derivar una hermenéutica a partir de la observación de los ciclos naturales y otra bien distinta es hacerla proceder de los conflictos ideológicos que han marcado la modernidad. Por ello no es descabellado afirmar que el trío de nuevos planetas tiene más de ideológico que de transpersonal.

Sería injusto no mencionar también el papel preponderante que tuvo la psicología junguiana en la conformación de dichos significados, pues la obra de Jung es de gran relevancia para entender la atribución de características a los nuevos miembros del sistema solar copernicano. No obstante, para ningún astrólogo contemporáneo es desconocido el hecho de que, por el entorno histórico de sus respectivos descubrimientos, Urano se tiñó con los valores de la Ilustración y de la revolución francesa, Neptuno con las ideas colectivizadoras de los primeros socialistas utópicos y el manifiesto comunista, mientras que Plutón se coloreó con la teoría psicoanalítica que por aquel entonces lograba posicionarse en la cultura popular. Ilustración, revolución francesa, comunismo y psicoanálisis son, qué duda cabe, hitos históricos y culturales que marcan la época contemporánea y le otorgan su peculiar identidad. Las consecuencias socio-políticas de dichos movimientos son enormes y abarcaron la configuración de la mentalidad que caracteriza a la astrología moderna. En este contexto cabe preguntarse si acaso la astrología debe reflejar la estructura cósmica, las leyes universales y los ciclos naturales, o debe estar sujeta a modificaciones en torno a los avatares de la política y de las diversas ideologías con las que el ser humano se combate a sí mismo una y otra vez. Acuario fue el pionero entre los damnificados por el oleaje del progreso ilustrado, de allí su importancia simbólica. Más todavía cuando es justamente el signo de la era astrológica que se avecina. Las citas de Goodman y Greene reflejan una dulcificación que emana de una mezcla entre el ideario new age y la idealización del progreso defendido por el iluminismo francés.

Veíamos que el Acuario clásico comparte las ásperas características de su regente tradicional, el frío y seco Saturno. Pero el gran maléfico también rige a los científicos, a los desarrolladores de tecnología, a los de mentalidad materialista, a los obreros, agricultores, mineros y gente pobre. Tanto los astrólogos tradicionales como los modernos estarán de acuerdo con esto. Todo signo recibe su naturaleza a partir de la esencia del planeta que lo rige, por lo que no debe extrañar a nadie que Acuario obtenga de Saturno el carácter de signo ligado al desarrollo científico y tecnológico, como también a las revueltas populares y a la rebelión de la clase trabajadora. Es visible a esta altura que Urano sólo ha seguido la misma línea saturnina. En su libro sobre las natividades, el astrólogo persa Albubather (siglo IX d. C.) dice que Acuario hace al nativo “...de gran espíritu y bondad, y generoso con los demás. Muy gastador, será incluso pródigo”. Ya se adivinan aquí ciertas semejanzas con el espíritu humanitario y filantrópico del signo moderno, aunque descrito hace más de 1 milenio. Todavía más temprano, en la obra Matheseos del astrólogo romano Firmicus Maternus (siglo IV d. C.) se asoma ese mismo tinte amigable, social, aunque mezclado con muchas otras características desagradables. Dice Firmicus que “si el Medio Cielo está en Acuario [el nativo] siempre tendrá lazos de amistad con hombres más poderosos que él, y llevará su vida en medio de actividades públicas”. Todo esto se describe mucho antes del descubrimiento de Herschel. Ya Vettius Valens nos decía que el signo es “libre” en tiempos en que todos le reconocían como domicilio de Saturno. Nada nuevo bajo el Sol, o deberíamos decir, bajo Urano.

Toca hacernos una pregunta clave: ¿qué entendemos por libertad? Si ser libres consiste en llevar a cabo todos nuestros deseos, debemos cuestionarnos de dónde han surgido dichos deseos. En una sociedad completamente dominada por la publicidad, en donde es posible fabricar el consenso, planificar la opinión pública, crear necesidades artificiales y manipular emocionalmente al telespectador con una astuta ingeniería de las imágenes, ¿quién puede jactarse de ser realmente libre? Acuario es en realidad liberalismo político, no auténtica libertad individual, porque a lo sumo el mercado puede garantizar una sensación de libertad, como la que tienen los visitantes a un centro comercial cuando experimentan eso que Noam Chomsky denomina humor de compra, surgido de la incapacidad para analizar en profundidad una situación ante el acoso publicitario, la reducción del tiempo y la agresiva propaganda cultural. Hermes Trismegisto nos advierte en su Corpus que el zodiaco es el carcelero del alma, y que para vencer a los 12 es preciso del número 10, la sagrada década de los pitagóricos. Esto implica que la libertad de Acuario es un espejismo zodiacal, uno más entre la enorme plasticidad que tiene el devenir para jugar con el mundo de los sentidos y el permanente cambio en la organización de la materia.

Para ser ecuánimes, tenemos que aceptar que Acuario, y por extensión su era astrológica, tienen mucho de utopía, idealismo y humanismo, como también de antropocentrismo, secularismo, cientificismo, liberalismo, y aunque nos pese, de materialismo desatado y control tecnológico de las masas. Nada más acuariano que las redes sociales, que de herramienta para el cambio social se han transformado en instrumento para la dominación de la muchedumbre en la era de la “posverdad”. Al menos así lo cree gente como el periodista iraní Hossein Derakhshan, al denunciar el abuso del lenguaje visual, comprimido y emotivo, estímulo perfecto para el conformismo de sofá. El recientemente fallecido sociólogo polaco Zygmunt Bauman iba más lejos todavía. Afirmaba que “hay mucho radical que no sale de su casa, computadora en ristre, en vez de estar peleando en la calle; que polemiza muchas veces de modo anónimo o con seudónimo, a través de las redes, a ver quién mea más largo, quién es más radical, más revoltoso o más compasivo, generando lo que se ha denominado shitstormes, tormentas de mierda”. Es que Acuario también tiene mucho de sofista retórico, de ideólogo maniatado y de revolucionario de escritorio, porque la tecnología y la informática, amparadas bajo el signo, propician ese tipo de interacción con el mundo. Todo el zodiaco tiene su lado oscuro, pero en medio de este clima rosado de positividad y negación hipomaníaca tendemos a negar que bajo la ley del tiempo y el destino también existe lo maligno. Acuario no es la excepción, porque en su cántaro no sólo hay agua dulce, también nos trae bastante hiel. Abramos los ojos.

 

Twitter del autor: @cubicado