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¿Y si las adicciones fueran realmente un problema de aprendizaje?

Salud

Por: PijamaSurf - 05/01/2017

Desde una perspectiva neurocientífica, las adicciones son una conducta compulsiva que persiste sin importar las consecuencias negativas

Las adicciones pueden variar, desde el uso de sustancias psicotrópicas hasta la repetición de patrones que promuevan la adrenalina. Primero llega la sensación eufórica, la excitación y la manía, luego la adaptación del cuerpo a estas sustancias que hacen creer que todo estará bien eternamente, y finalmente la mente se aprisiona en el objeto de la adicción alienando al individuo de su cuerpo y medio ambiente. 

De acuerdo con la teoría biopsicosocial de las adicciones, una adicción puede surgir si se permite germinar la semilla mediante la predisposición genética, las experiencias traumáticas o un medio ambiente que la fomente o normalice. No obstante, estas causas aún no logran explicar por qué un adicto sigue siendo un adicto pese a haber tomado conciencia y haber realizado esfuerzos por superarlo. 

Desde una perspectiva neurocientífica, las adicciones son una conducta compulsiva que persiste sin importar las consecuencias negativas (en la salud, la familia, la economía, la estabilidad laboral, etc.), las cuales tienen impactos significativos en el proceso cognitivo de aprendizaje. Jane Taylor, investigadora de la Universidad de Yale, explica que una adicción puede relacionarse con cambios en el aprendizaje emocional profundo: “Una parte crítica del aprendizaje emocional cambia las conexiones neuronales que responden al castigo y a la recompensa y a la unión que hay con ciertas acciones y el medio ambiente”.

Por ello, menciona Taylor, la mejor manera de tratar una adicción es viéndola como un desorden de aprendizaje. En otras palabras, esta conducta compulsiva altera la percepción del castigo o de cualquier otra consecuencia negativa, haciéndolas imperceptibles para el individuo. Es más, las adicciones “promueven el aprendizaje positivo y el recuerdo de que una droga facilita una sensación placentera e inhibe los impactos de las consecuencias negativas”.

Este fenómeno fue anteriormente descrito por el psicólogo conductual F. Skinner, quien se dio cuenta de que la ansiedad de recibir una recompensa promueve la repetición compulsiva de ciertos patrones. Esta paradoja de aprendizaje es el corazón de la adicción, brindando una clave sobre lo que está mal en el cerebro. 

Contemplando que el sistema cerebral de recompensa motiva a los organismos a realizar las actividades que se deberían hacer para mejorar, en la adicción hay una mala asociación entre la acción y la recompensa inmediata –pese a las consecuencias negativas a largo plazo. 

Larry Young, profesor de psiquiatría en la Universidad Emory, utiliza el ejemplo de la pareja. Nuestro sistema básico de motivación nos ayuda a buscar una pareja a pesar del rechazo, las peleas, los miedos y otros retos. Este sistema nos obliga a establecer prioridades, insistir y persistir para sobrevivir mediante rápidas tomas de decisiones calculadas por algoritmos inconscientes. Es este sistema lo que neuroquímicamente se relaciona fuertemente con el vínculo, el apego y la adicción, a través de la oxitocina y la serotonina. Este proceso hormonal, menciona Young, es un tipo de aprendizaje que no sólo altera la reacción del sistema de supervivencia y del estrés; también reduce los niveles de ansiedad, angustia y miedo. Por lo tanto, se realiza una “mala” asociación cognitiva que lleva a la compulsión. 

De acuerdo con esta premisa, la adicción es sólo una mala asociación que requiere ser extinguida para el bienestar de la persona; sin embargo, ¿ello será lo suficientemente contundente para reducir la incidencia de adicciones? 

Correr 1 hora genera 7 horas más de vida, según estudio

Salud

Por: pijamasurf - 05/01/2017

Correr mejora el sistema cardiovascular y podría hacer que vivas algunos años más

Correr para vencer al reloj del tiempo, esquivar la guadaña de Cronos.

Científicos de Iowa State mantienen que correr puede prolongar notablemente la vida. Siguiendo un estudio previo realizado en el 2014 en el que se había encontrado una correlación entre correr por incluso sólo 10 minutos al día y una reducción en el riesgo de muerte por enfermedades cardiovasculares, el profesor Duck-chul Lee ahora encontró que correr puede disminuir la probabilidad de una muerte prematura en cerca del 40%.

El estudio notó que, no importa el ritmo al que se corra, esta actividad de alguna manera le proporciona más tiempo de lo que toma hacerse a la persona que corre.

Específicamente, correr 1 hora brinda 7 horas de vida extra, en términos estadísticos. En este caso el estudio tomó como base a individuos que fueran a correr 2 horas a la semana durante 40 años, lo que significaría un total de 6 meses corriendo. Estos 6 meses le darían a una persona un incremento en expectativa de vida de 3.2 años.

Así que tomar este hábito tempranamente es una forma de ganar vida, aunque se especifica que correr no tiene la capacidad de producir individuos inmortales. ¿Pero correr, meditar, hacer yoga y contemplar fotos de gatos en línea, tal vez esa sea la receta secreta?