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8 prácticas para revelar el verdadero poder de nuestros pequeños actos y mejorar nuestra forma de sentir y experimentar el mundo

William Burroughs es uno de los más interesantes escritores de la generación beat. Sus libros (como El almuerzo desnudo) irrumpieron escandalosamente en la tierra de lo literario con su cut-up method o "método de corte", fincando un precedente al mashup y los remixes de los medios electrónicos que habrían de aparecer décadas después. Burroughs contaba con amigos de la talla de Jack Kerouac y Allen Ginsberg y en 1980 se convirtió en algo así como un icono de la cultura estadounidense; entre sus amigos famosos se contaban también Patti Smith y Andy Warhol.

En el mundo de la psicodelia, Burroughs fue uno de los primeros autores estadounidenses en escribir sobre la ayahuasca. The Yage Letters, publicada en 1963, habla sobre esto mediante cartas a la generación beat. Sin embargo, su interés por los psicodélicos no se detuvo allí (su curiosidad por la ayahuasca se debía a los rumores alrededor de esta planta, la cual tenía fama de dar habilidades telepáticas); Burroughs pretendía hallar todas aquellas posibilidades y maneras de lo oculto y lo esotérico. Escribir para Burroughs era un acto mágico, un tipo de autodeterminación.

El orden correcto de las palabras podría reescribir el mundo pero, si no eras cuidadoso, reescribirías tu vida de un modo contrario al que deseabas. En una serie de lecturas, Burroughs habla de las posibilidades del escritor como un mago hermeneuta (Hermes, después de todo, era el dios mensajero, el dios de la comunicación y de la intersección de los caminos). ¿Qué mejor camino para abrir nuestro ser hacia una realidad simbólica fusionada, un mundo sincrónico y con sentido de la vida, que tomar unas cuantas pistas de un escritor? Especialmente de un escritor como William Burroughs, cuyo sinsentido y enfoque experimental le habla al moderno, mágico psiconauta.

El tema que manejo está dirigido a… jóvenes y viejos, hombres y bestias, y a cualquiera con una obsesión. El tema es la tecnología de la querencia.

 

La magia es, sin duda, una especie de simpatía con el cosmos. El significado en ti está envuelto de algún modo en el significado afuera de ti. A todo acto ritual le corresponde un acto futuro realizable. Un rito mágico exitoso justo antes de esa “primordial” cacería ayuda a garantizar su éxito, ya que las dos están vendadas en una sola mágica reunión. En el ancho paisaje de este mundo, el gran cosmos es como una cuerda ligada a una profunda resonancia.

En esta lectura, Burroughs es discutido ahora en un libro digamos oscuro, a saber: En las fronteras del ciencia: Extrañas máquinas que puedes construir, de Harry G. Stine. En el capítulo 9 de este libro, Harry nos explica sobre un extraño dispositivo llamado “La máquina de los deseos”. Este libro futurista y a la vez retro, de 1980, vino a inspirar la novela Las tierras del oeste escrita por Burroughs en 1988.

 

Burroughs nos ofrece ocho importantes tips para ver el mundo como un lugar burbujeante de sentido y sincronía, además de las herramientas para ayudarnos a navegar en él.

 

1. Desear sin deseo

Esto parece contraintuitivo. Pero, ¿no desearías “perder” tu querencia sin deseos vehementes, sólo para verla pasar? “Si estás a punto de hacer un deseo”, comenta Burroughs, parafraseando a Eliphas Lévi: “deberás estar listo para ‘desear o andar sin deseos".

El chiste de todo esto es superar los arroyos más profundos del deseo humano y dirigirte hacia aguas más profundas de la certeza.

Esto nos lleva al segundo punto:

 

2. “Siempre visualiza tu deseo como algo ya consumado. Todo deseo debe ser incondicional”

Aquí es donde lo mágico y el deseo ganan potencia.

 

Si vas a decir: “Lo quiero, pero…” olvídalo, será la muerte justo en la plataforma de lanzamiento.

 

Sin embargo, esto te deja algo importante a consideración: ¿Qué tipo de responsabilidad te crearía este deseo realizado? ¿Qué escogerías? Ten esto en mente cuando lo estés visualizando, ya real y concretizado.

 

3. Todo es significativo para ti porque es válido para ti

“Todo aquello que ves tiene un significado especial, porque lo ves. Esto parece obvio, pero en la práctica es como un shock para muchas personas”.

Burrougs desbarata el “dogma científico” del materialismo, el cual propone que la conciencia humana y la realidad externa no tienen conexión alguna --negando aquella simpatética y mágico-mística manera de ver el mundo. Este tipo de perspectiva reduccionista es, dice, “indefendible, para todo aquel con mente abierta”. Carl Jung acuñó el término de sincronicidad y lo elaboró junto al físico Wolfgang Pauli; esta sincronicidad la entendieron ellos como “la realidad de la psique”.

Nuestro mundo interno no es un vapor epifenómeno; nuestro paisaje interior no es vapor. Burroughs era un duro crítico del materialismo, el cual negaba su propia vida de experimentación consciente y subjetiva.

 

4. Fíjate qué piensas y sientes cuando te encuentras en un punto de intersección

Esto es lo que podríamos describir como sincronicidad: un significativo punto de intersección entre tu vida interior y el mundo exterior.

“Haz de la nada un hábito” dice Burroughs, y agrega: “aquello que piensas y sientes cuando te encuentras en un punto de intersección es lo que capta tu atención”. Piensas en un amigo y, repentinamente, éste te contacta, o, quizá, alguien llama a un extraño con el mismo nombre en la avenida; una palabra rotulada en un camión de carga te maravilla o espanta por su significado. Las posibilidades tienen un sinfín de combinaciones y usualmente nunca son lo que esperas, pero te crean el hábito de notar tus procesos internos. ¿Qué estabas pensando en ese momento? ¿Qué ideas se te cruzan por la mente? Es probable que veas muchas veces al mismo extraño de camino al trabajo, no importa la ruta que tomes: “él no te está siguiendo, sólo asiste a la misma rutina”.

 

5. Alterando tu punto de observación, modificas tu entorno. (El engaño al ver, parte I)

Este es “un acto de magia realizado por todo artista”, sí, pero es verdad para cada persona. Cambia tu realidad cambiando de sitio para ver. Toma un camino distinto para trabajar. Haz algo ligeramente diferente.

Desquicia la ruta de tu rutina. Remueve la materia prima de la intención, de la realidad y hazle camino a la potencia del tropiezo --“casual”-- en toda intersección vital.

 

6. No puedes enseñarle nada a nadie que no desconozca en cierto nivel. (El engaño al ver, parte II)

Algo tan sencillo que lo escuchamos decenas de veces: no puedes ver algo que nunca has visto. Pero, como en la anterior sugerencia de romper la monotonía de tu rutina diaria (en la búsqueda de visión y significación) debes, como Rilke dice, “cambiar tu vida”.

No permitas que tu ser se estanque en el camino (duplicado si es que eres un bicho de hábitos --me declaro culpable--). Como dice Burroughs: “No ver es un procedimiento por escalas. Cuanto menos veas hoy, menos verás mañana”.

Recuerda: incluso las novedades más insignificantes y los senderos son algunas veces lo único que cuenta. Un nuevo letrero en la calle abre la puerta para mensajes llenos de sentido, particulares, familiares y diminutos, como un minino que se te cruza en el camino.

Debes vivir tu vida como si fuera tu propio proyecto creativo, tu autoexperimentación. Porque lo es.

 

7. Eclipsa al destino: escribe para mantenerte feliz

Esta es otra idea contraintuitiva de principio. Burroughs nos dice que él se ha preguntado si escribiría estando en una isla desierta. “¿Y por qué no?”, responde, y continúa: “Me encargaría de escribir con gran detalle sobre un barco y como éste me recoge de la isla… Los escritores escriben también para mantenerse felices”. La idea es pensar sobre aquello que te pone nervioso y ansioso y escribir sobre ello (todas las pequeñas y realistas veredas podrían suceder) minuciosamente. No sólo estás superando una ansiedad innecesaria que cargas como bulto sino, como un doctor que te cura la gripe a cucharadas, estás inoculando tu ser con la muerte del virus de la debilidad. Cualquier cosa mala que te preocupe, por tu felicidad, pierde su potencia.

Las palabras, la imaginación y el sentido son mágicos, como mágica puede ser la medicina.

 

8. ¿Algunas veces? Tómate un día libre (como te corresponda)

En un día de la patada, donde ves venir un enjambre de caminos bloqueados, a veces es mejor equivocarse del lado de la precaución. Tómate el día. “Economiza y se precavid@”. Esos días, como cuando Mercurio entra a su fase retrógrada, es más útil un momento de equilibrio y reflexión. Mercurio (Hermes) tiene la cualidad de ser un embaucador. En su fase retrógrada se mueve hacia la ofuscación (hacia el inframundo), y esto incluso podría ser útil. Así como el punto número 5, también puede brindarnos un nuevo punto de vista.

 

Todos estos tips, como podrás darte cuenta, fueron diseñados por la mente del escritor, pero cualquiera de nosotros puede adoptar el punto de vista de él: unos anteojos hermenéuticos. Cualquiera de nosotros puede reconocer el paisaje simbólico y significativo que como seres humanos vivimos: con mundos fértiles e interiores. Mundos que, en ocasiones, se derraman en la materia casual de nuestros días. Podemos vivir nuestras vidas de modo mágico si tenemos las herramientas correctas. Podemos exprimir más de nosotros mismos, de nuestra autoría, si enfocamos bien, si reconocemos los enfoques (experimentación, exploración, curiosidad creativa) para ayudarnos a abrir la caja de tesoros que nuestra vida interior puede cosechar.

Gracias a William Burroughs por señalar que esa literatura mágica es la última “máquina de los deseos”.

Promotores de los psicodélicos siguen empeñados en vender un discurso de unidad y conciencia, cuando está probado que el consumo de sustancias no es proporcional al nivel de evolución personal

Aunque para muchos pueda parecer obvio el hecho de que vivir experiencias psicodélicas no garantiza que una persona evolucione significativamente, durante las últimas décadas esta premisa ha sido más popular de lo que imaginamos. En el último medio siglo más de un promotor psicodélico, incluyendo algunas mentes brillantes, han considerado la posibilidad de dosificar a una porción masiva de la población con alguna sustancia psicoactiva, por ejemplo LSD, con el fin de construir sociedades más evolucionadas. 

El documental Sunshine Makers narra la historia de Tim Scully, un activista psicodélico que a finales de los 70 se abocó a producir 750 millones de dósis de LSD. Sus motivos eran meramente ideológicos, o incluso ontológicos, pues Scully creía que esta cantidad de ácido distribuida entre la población ayudaría a salvar el mundo. La premisa era simple: si aseguramos que el grueso de la población experimente una reconexión con "la unidad", entonces se generará la conciencia suficiente para cambiar el juego a favor de la supervivencia –evitando la destrucción del mundo vía una guerra nuclear– y evolución del ser humano. 

En 1977 Scully fue encarcelado por su producción masiva de LSD y 3 años después, al salir de prisión, parecía bastante desilusionado ante su propia premisa. En una entrevista que le hizo el filósofo Peter Sjöstedt, Scully advirtió:

Creíamos que las experiencias trascendentales que aporta el LSD darían fin a la hipocresía humana y la falta de honestidad; creímos que terminarían con la discriminación en cualquiera de sus formatos y la destrucción del medio ambiente. Y creíamos que valía la pena asumir el riesgo en el intento de salvar el mundo. [...] Pero para 1970 la escena se oscureció bastante y era imposible no percatarte de que las personas se estaban comportando muy mal. El LSD no terminó con la deshonestidad ni la hipocresía. Fue cada vez más evidente que la gente podía tener intensas experiencias psicodélicas de unidad y seguir actuando igual de mal cuando "bajaba" de dichos estados. 

Tras estas reflexiones Scully dejaría de producir LSD, pero su experiencia se mantiene vigente hasta nuestros días, en los cuáles aún circulan discursos evolucionistas y pseudomísticos asociados a las experiencias psicodélicas y promovidos por grupos que son la némesis de un pulso conscientemente elevado. Aquí podríamos encontrar, entre otros, a los organizadores de múltiples festivales de música electrónica que, escudados bajo dicha retórica, se dedican a lucrar con la comercialización de estupefacientes y el marketing de experiencias trascendentales. Es muy probable que te hayas encontrado con estos grupos o incluso que tengas contacto o formes parte de alguno de ellos. El punto es que en lo que Scully definitivamente no se equivocaba es en que sería muy sano terminar con la hipocresía de este "movimiento".