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Esta es la edad en que una mujer experimenta sus mejores orgasmos

Ciencia

Por: Pijama Surf - 06/03/2017

Mientras más segura de sí misma se siente una mujer tiene mejores orgasmos, y ello no ocurre en su juventud temprana

En la actualidad, en la mayoría de los países, las mujeres han podido extender e intensificar su disfrute del sexo, aunque sigue habiendo una llamada "brecha en el orgasmo". Entrando a los 30 las mujeres comienzan a ver los frutos de su experiencia profesional o laboral y a nivel físico, curiosamente, los estudios comprueban que es en el rango de la mitad de los 30 cuando comienzan a sentir mayor plenitud sexual.

Lo más probable es que se trate de un asunto de madurez, de aceptar los defectos y virtudes, pero, sobre todo, de cierta estabilidad emocional para dejar ir las opiniones de los demás con mayor facilidad. Y ello está directamente vinculado al disfrute sexual. Según una encuesta aplicada a 2 mil 600 mujeres por Natural Cycles, la edad promedio actual en que las mujeres tienen sus mejores orgasmos (e incluso se incrementa la cantidad de éstos) es a los 36 años y, de hecho, las mujeres aseguran que a partir de esta edad se incrementa el mejor sexo; los resultados apuntan a que ello se debe a la confianza en ellas mismas.

Confianza con su cuerpo, su manera de ser y su desempeño en el sexo. De acuerdo con la misma investigación las mujeres que tienen orgasmos menos placenteros, curiosamente, se encuentran en un rango de 23 años o menos. También, las mujeres de 36 años han calificado su nivel de confianza en sí mismas en un 10% mayor al del rango de 23 o menos años. El estudio sugiere que, aunque en nuestra cultura existe un miedo a la edad, particularmente por perder la belleza de la juventud, con ello muchas veces viene más sabiduría, y eso es muy atractivo.

La fascinante relación entre el autismo y las habilidades musicales

Ciencia

Por: Pijama Surf - 06/03/2017

Estudios recientes muestran que las personas con autismo perciben un mayor rango de tonos

En 1912 el suizo Eugen Bleuler acuñó por primera vez el término autista, el cual construyó a partir del griego αὐτὀς (autos) que significa "uno mismo". Desde entonces, esta enfermedad comenzó a estudiarse cada vez más, y aunque queda bastante camino por resolver, hoy sabemos que se trata de un trastorno en el neurodesarrollo prenatal (el cual se manifiesta entre los primeros 2 años de vida) con fenómenos como la poca o casi nula interacción social y un comportamiento repetitivo y restringido, entre otros.

Quizás, a simple vista, lo que más caracteriza a una persona autista (como bien señaló Bleuler) es que se encuentra sumamente inmersa en su mundo, uno que asociamos a su interior, aunque estudios recientes muestran que también está altamente vinculada al exterior, ya que su manera de percibir es distinta.

Respecto a la música, se sabe que muchos de ellos pueden desarrollar un genio musical y el vínculo no es azaroso: en algunas investigaciones recientes se ha descubierto que las personas con autismo son mucho más sensibles a los sonidos y tienen una mayor capacidad para distinguir un mayor rango de tonos.

En un nuevo estudio del Centre for Research in Autism and Education del UCL Institute of Education de Gran Bretaña se encontró que los individuos autistas verdaderamente desarrollan una capacidad auditiva mucho más elevada que el resto. Según las conclusiones de la investigación, el autismo “realza la discernimiento de tonos, y aumenta la capacidad de percepción auditiva”.

Para este estudio se analizó la reacción de 40 personas, 20 de ellas con autismo y 20 sin éste, todas entre un rango de 17 y 34 años. En el primer ejercicio, los participantes fueron expuestos a grabaciones de sonidos de animales; entre éstos se jugó con un sonido que podía confundirse con los ladridos de un perro o los rugidos de un león: los individuos con autismo tuvieron un puntaje mucho mayor respecto a la distinción contundente de sonidos. También se les mostró un audio de una fiesta donde las conversaciones eran casi imperceptibles; los participantes debían seguir el flujo de las mismas y se les preguntó el desenlace de la última; el 47% de las personas con autismo pudieron discernir la frase, mientras que sólo el 12% de aquellos sin esta enfermedad lo consiguieron.

En conclusión, los autistas suelen disfrutar de la música con tonos más ecuánimes. Estas investigaciones abren el espectro de factores a estudiar para comprender mejor las diferencias perceptuales de estas personas, lo que se traduce en tratamientos más apropiados y en una mejor comprensión sobre cómo el exterior les afecta de maneras inimaginables para nosotros.