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Este 20 y 21 de junio del 2017 ocurrirá el solsticio de verano en el hemisferio norte y el solsticio de invierno en el hemisferio sur

Este 21 de junio del 2017 a las 4:24am, tiempo universal, ocurrirá el solsticio de verano en el hemisferio norte y el solsticio de invierno en el hemisferio sur. El solsticio sucederá a las 11.24pm del 20 de junio en la Ciudad de México, en el momento en que el Sol alcanza su más alto grado de declinación norte (+23º 27'). Esto marca también el día más largo y luminoso del año en el hemisferio norte y la noche más larga en el sur. Tradicionalmente, el momento en el que el Sol entra a la constelación de Cáncer desde la perspectiva de la Tierra significa el inicio del verano en el norte y del invierno en el sur.

Ya que el Sol es la gran fuente de vida y calor para todos los eres vivos, esta fecha es usualmente considerada el día de máxima energía, el esplendor de la naturaleza. Aún hoy se pueden observar rasgos del solsticio como una fiesta de comunión con la naturaleza en sitios como Stonehenge, que están construidos para seguir el curso del Sol. La fecha es también una fiesta de la fertilidad en la que se llevan a cabo celebraciones ligadas a la cosecha, a la fruición de la siembra, tanto en el plano material como espiritual. Se entrelazan con esta fecha la celebración pagana del Midsummer y la fiesta de San Juan.

Aunque esta fecha se utiliza en ocasiones para realizar meditaciones y excursiones dentro de la cultura new age, también es cierto que los equinoccios y los solsticios son los grandes marcapasos del año, los ejes a través de los cuales es posible sincronizarse con los ritmos de la naturaleza, lo cual fue el sentido que se le dio en las culturas ancestrales. Los beneficios de vivir cerca y en armonía con la naturaleza han sido documentados extensamente, y se deben fundamentalmente a que el ser humano tiene numerosos ciclos biológicos que están ligados a la luz del Sol. De aquí que para conservar o maximizar la energía y eficientar procesos de agricultura sea oportuno ligar los ciclos de sueño y exposición a la luz a los ciclos solares e incluso lunares. Esto es lo que brindan los solsticios, además de una conciencia de la danza de fuerzas, del cambio perenne y una relación de pertenencia entre el ser humano y el cosmos.

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Los cuervos son ávidos practicantes de las artes del discernimiento, la intuición, el castigo y el agradecimiento

“Say 'Nevermore'", said Shadow.

"Fuck You", said the Raven.

Neil Gaiman

En alguna tradición, aunque no descarto que imaginaria, se dice que cuando uno anda sobre el camino y de pronto duda, ante una bifurcación, qué sendero elegir, hay que mirar al cielo en busca de un cuervo para que éste, con su vuelo, nos indique la dirección correcta. Tal vez esto se deba a que los cuervos saben a dónde van, tal vez a su inteligencia –que destaca por un filo casi sensorial– o a su afición por anidar en las alturas para gozar con holgura del panorama.    

Además de presumir un fecundo simbolismo dentro de muchas tradiciones, en otro plano son seres que ejercen una suerte de pragmatismo trascendental: difícilmente se equivocan y llevan las artes intuitivas a las proximidades de la impecabilidad. Por eso pareciera que una de sus muchas cualidades, recién comprobada, resulta particularmente didáctica: su capacidad de discernir entre benefactores y agresores, de premiar a unos y castigar a otros –como Condes de Montecristo.

Un estudio publicado hace poco en la revista especializada Animal Behavior, advierte que los cuervos no perdonan. Dicho de forma menos categórica, los cuervos determinan cuando una persona es o no su aliada, y este juicio queda impreso en su memoria.

Investigadores experimentaron con nueve cuervos, todos criados en cautiverio por ellos mismos y por lo tanto familiarizados entre sí. Los cuervos fueron entrenados para recibir un trozo de pan de uno de los investigadores, luego llevarlo a manos del otro y recibir, a manera de premio, un pedazo de queso. Sin embargo, en ejercicios posteriores el entrenador que en un principio intercambiaba el pan por el queso, en lugar de recompensarlos procedía a comerse el queso.

Un par de días después las aves fueron presentadas con tres entrenadores: el que les daba el pan, el que comía el queso frente a ellos en lugar de dárselos, y un tercero neutral que no había participado en el ejercicio anterior. Seis de las siete aves fueron a jugar con el primero, el justo, una con el neutral, y al “traidor” simplemente lo ignoraron. 1 mes después se organizó una dinámica similar, con igual resultado. Es decir, los cuervos simplemente no perdonaron a aquel que los engañó.

Al parecer, esta estricta política corvina es proporcional al agradecimiento que profesan con sus benefactores. Y aquí viene a la memoria el caso de Gabi Mann, la niña que a sus 8 años, y tras 4 de alimentar diariamente a un grupo de cuervos salvajes, un día comenzó a recibir aves regalo de ellos. Pero no sólo eso: la mayoría de estas ofrendas eran objetos brillantes, los cuales ejercen una una fascinación entre estas aves, que incluso acostumbran atesorarlos, y por lo tanto estos obsequios representaban sus más valiosos hallazgos.

En resumen, los cuervos eligen bien a las personas de quienes se rodean, difícilmente perdonan y practican un profundo agradecimiento. Contemplarlos podría aportarnos enseñanzas mucho más útiles, y naturales, que perseguir lecciones fáciles en notas de Internet (incluida esta). Así que si quieres “autosuperarte”, busca cuervos y obsérvalos. 

 

Twitter del autor: @ParadoxeParadis