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En esta entrega de DECÁLOGO abordaremos las nueve películas de Christopher Nolan cual si fuesen sellos postales, no sólo por la estética de sus fotogramas, sino por el remitente de sus contenidos

Christopher Nolan encabeza con estilo propio a una serie de directoras y directores que han puesto de manifiesto el deseo de explorar desde la fuerza visual nuevas formas de plasmar las imágenes en movimiento y, más aún, de elevar el guión cinematográfico a un nivel de emotividad por encima del sentimiento que caracterizó a otras décadas pero que, de alguna forma, logra conectar la intensidad de los sucesos con lo sensible, para hacer de la oscuridad ominosa y a la vez expectante de la salas de cine una luz de asombro y expectativa constantes al proyectarse su obra. Desde que El seguidor emergiera en los circuitos de culto a finales de la década de los 90, el seguimiento por cada nuevo proyecto del director nacido en Westminster, Inglaterra, en 1970, quedaría de manifiesto, y en los albores del nuevo milenio vería recompensada la espera con la obra maestra que dejaría su nombre en legado permanente (Memento), obra temprana y cumbre que revolucionó la estructura narrativa y la dirección con audacia cinematográfica, capaz de generar debates explicativos desde su trama, como lo hiciera en el amanecer del nuevo siglo la cinta Mulholland Drive del maestro David Lynch.

Nolan logra proponer nuevas formas de expresar el ímpetu visual del cine, enmarcadas en la fascinación del impacto creativo, y al mismo tiempo generar una audiencia que acude a sus cintas más por el propio Nolan que por el reparto o la historia; casi todas sus películas han tenido efecto de atracción en la taquilla y la unánime aclamación de la crítica y premios consecuentes. Su nombre se une al de otros directores a lo largo de la historia (como Alfred Hitchcock, Billy Wilder, George Lucas, Steven Spielberg o Quentin Tarantino, por mencionar algunos) que han logrado ser una marca registrada no sólo de audiencia o reconocimiento, sino desde un punto de vista mercadológico que hace de sus piezas un acontecimiento, una experiencia ineludible para disfrutarse en la más grande pantalla posible de cualquier complejo.

En esta entrega de DECÁLOGO abordaremos las nueve películas de Christopher Nolan cual si fuesen sellos postales, no sólo por la estética de sus fotogramas, sino por el remitente de sus contenidos, atendiendo así a la celebración de Dunkirk, su décimo sello, en franca alegoría con el maestro Ingmar Berman y resaltando el significado de la décima cinta en su ya considerado canon cinematográfico.

 

De clausura

EL CABALLERO DE LA NOCHE ASCIENDE (The Dark Nigth Rises) 2012

Cuando Warner Bros decidió relanzar Batman tras un extraordinario dúo de cintas dirigidas por Tim Burton y protagonizadas por Michael Keaton, la incertidumbre se apoderó del proyecto encomendado al joven director hasta entonces conocido por sus películas más alternativas. El temor de cometer los mismos errores que Joel Schumacher hiciera en la enunciada saga aparecía en los rumores previos a la filmación; no obstante, y como veremos más adelante, el proyecto se convirtió en una de las trilogías más celebradas y en la más respetada saga del quizá hoy abusado género de superhéroes. En El caballero de la noche asciende Nolan concluye su trinomio épico a través de un mensaje que resultó un tanto polémico, como aterrador fue el entorno de su estreno luego de un tiroteo de supuesta inspiración en la oscura maldad de esta saga. Una crítica social, un villano que atisba la repartición inequitativa de la riqueza pero en la concentración de poder, un alegato político que enfunda las causas y las consecuencias del heroísmo y la inmolación del héroe, convergen para dejar un final abierto que acusa la bondad y la persigue, pues los tintes de la percepción cambian dependiendo de dónde se mire.

Un cierre político social que atiende a la resolución de los conflictos económicos y globales desde la ideología, que brinda una opinión y juicio, poco comunes en Nolan, que busca por demás describir las acciones sin emitir más comentario que el montaje y la secuencia. Destacando la fuerza interpretativa de Tom Hardy como Bane, esta tercera entrega gozó de gran éxito y llevó al extremo al héroe que definitivamente dejó atrás su pasado trágico, para abrazarlo en la pérdida de la libertad que irónicamente ha emancipado (Bruce Wayne) y encarnarse definitivamente en ser el literal caballero de la noche.

 

De catálogo

INTERESTELAR (Interstellar) 2014

Ópera espacial y destino manifiesto, espacio y tiempo relativos en la inmensidad del universo, agujeros negros, dimensiones planetarias y horizontes de sucesos cohabitan la lírica cinta que Nolan ofrece como un viaje necesario, impostergable y a la vez íntimo. La misión ineludible de la humanidad por hallar un hogar cuando haya terminado con el mundo que nos convoca y al que lentamente consumimos, representa la comanda loable y el renacer de la conquista de territorios no explorados a los que se ha temido volver una vez concluida la guerra fría en plena globalización. La intencionalidad del director es contundente: imputa la destrucción del planeta por razones irracionales de la naturaleza, y advierte la necesidad de unir esfuerzos sin banderas. Distinta a otras cintas del director por su apego a la vida familiar, al amor, a los sentimientos, a la emotividad de la separación y al ansia de un encuentro, Interestelar abre interrogaciones y no ofrece más respuestas que los ciclos asumidos como teoría, matizados por la impactante banda sonora compuesta por Hans Zimmer.

Los mensajes del hoy son los mensajes del mañana y los del mañana son los mensajes de ayer, todos enviados por el mismo agente hacia un mismo destinatario: el ser humano. Protagonizada por Jessica Chastain y los ganadores del Óscar, Matthew McConaughey, Anne Hathaway, Ellen Burstyn, Casey Affleck, Matt Damon y Michael Caine, Interestelar es un sello de catálogo, ubicado dentro de la filmografía de Nolan como una derivación de su sentido de lo urgente y su diálogo con la ciencia, y no sólo de él sino de la industria, que ha visto en las odas espaciales el resurgir de antiguos nichos; Misión Rescate (2015) de Ridley Scott, Oblivion (2013) de Joseph Kosinski, “En la Luna (2009) de Duncan Jones o Gravedad de Alfonso Cuarón, ejemplifican la mediata preocupación del cineasta por el devenir y la tendencia de la ciencia ficción por reconquistar el espacio que alguna vez perteneció a la lucrativa industria.

 

Estampilla particular

EL GRAN TRUCO (The Prestige) 2006

Después de haber sacudido a la crítica con su primera incursión en la trilogía de Batman, Christopher Nolan no dio pausa a la expectativa; por el contrario, reafirmó su admiración al trabajo actoral de Christian Bale, quien personifica a Robert Angier, y lo suma al de otro actor versátil que ha encarnado por igual a un superhéroe, Hugh Jackman, quien representa a Alfred Borden, para ofrecer una película sin mayor pretensión que confirmar la habilidad del director por conducir la historia, crear un nudo y sus personajes. Esta adaptación de la novela escrita por Christopher Priest ahonda en una constante de Nolan: la obsesión. Por ello consideramos esta postal como una estampilla particular, una búsqueda por crear el mejor truco, la mejor ilusión, llevar al extremo la capacidad humana de causar el mayor engaño a la vista, a los sentidos y a uno mismo. Una rivalidad creativa, constante y a la vez leal hacia los rivales, comprende el éxito y el fracaso, la gloria y la tragedia ambientadas hacia finales del siglo XIX, cuando la revolución industrial en sus dejos y el colonialismo en sus ambiciones han dejado el escenario propicio para incentivar inventos y de creaciones la competencia.

La clave para descifrar a la seguidilla de rivales que se destruyen para construir y al construir se destruyen la ostenta el principio de la proyección, donde el perene referente de Nolan, Michael Caine, informa a una niña y de suyo a la audiencia el significado de la película, de su título y del cine en general, ese proceso del séptimo arte que deroga cumplir la premisa de obra. Y es que todo truco se integra de tres partes que le dan sentido: primero la promesa, donde el mago a su audiencia  presenta un simple objeto, el cual, tras aplicar la magia, se convierte ya sea en otro objeto o incluso en un objeto de características extraordinarias; a esto se le denomina el giro, la transformación de lo simple en complejo. Pero el truco no está completo sin el prestigio, el poder del mago de volver lo complejo de nuevo algo simple, hacer del objeto extraordinario nuevamente un objeto simple; la magia, así, sucede sólo el instante en que se esfuma, como la luz cuando llega de la mano de Tesla, en un célebre cameo del enorme David Bowie.

 

De invitación

BATMAN INICIA (Batman Begins) 2005

Uno de los principales retos de un cineasta que aboga por ser original y presentar ideas revolucionarias, innovadoras o inquietantes, es no ceder ante la tentación de una industria que seduce mediante presupuestos y posibilidades difusoras a los directores con ansia de difundir su arte. Los siguientes sellos tienen relación con esta premisa, aunque con la afortunada y no siempre común resolución a favor del creador. Una vez que El Hombre Araña (2002) de Sam Raimi y Los Hombres X (2000) de Bryan Singer lograron despertar el interés por las películas de superhéroes, y años antes de Iron Man (2008) de Jon Favreau (que desató la pasión por Los vengadores), Christopher Nolan tenía la gran encomienda de rescatar al caballero oscuro de la ignominia en que había caído tras las últimas cintas dedicadas a la causa del hombre murciélago. Por una parte, tendría encima la mirada aguda de los seguidores de Tim Burton, a quien extrañaban desde la debacle de Schumacher; por otra, la de los fanáticos del cómic; y finalmente, la de sus propios adeptos, que para entonces ya se contaban en millones.

Nolan asumió la misiva y presentó un profundo viso al origen del superhéroe, desde su trágico sentido de la vida hasta su aprendizaje de habilidades, conocimientos y filosofía existencial, adquiridos mediante el magisterio de figuras tan icónicas como Morgan Freeman, Liam Nesson, Rutger Hauer o Ken Watanabe, e introduciendo a los consagrados Michael Caine como Alfred y Gary Oldman como el Comisionado Gordon. El caballero de la noche no sería simplemente el millonario huérfano que se aboca a la defensa de la justicia, sino un personaje más bien vulnerable, voluble e incluso tendiente a la resolución, que avista un problema ético moral, desarrollado en su siguiente entrega. El director explora las motivaciones como disyuntiva y las posibilidades del heroísmo como una carga cuyo peso radica en la visibilidad de la bondad en una ciudad cubierta de sombras, las sombras del mal, de la violencia y la ambición, características de la urbanidad, el poder y la avaricia fundidos en la noche.

 

De asignación especial

INSOMNIO (Insomnia) 2002

Quizá la mayor sorpresa que haya causado hasta el momento la elección de proyectos del director británico no haya sido propiamente Batman inicia sino Insomnio, un remake que encendía alarmantes señales a las luces de la originalidad mostrada por Nolan en sus primeras cintas, las cuales habían dado a su lente unánime prestigio. Dirigida por Erik Skjoldbjaerg y protagonizada por el estupendo Stellan Skarsgard en 1997, Insomnio había causado gran impacto en el cine noruego, y de inmediato se propuso realizar una versión en Hollywood; para ello, Warner eligió a Nolan al frente de un reparto de lujo encabezado por los galardonados Al Pacino, Robin Williams y Hillary Swank. La empresa resultaba retadora pero Nolan logró hacer suya la trama y abordarla desde una arista intitulada en el insomnio y en la culpa, pero no causantes uno del otro sino intrínsecos en el pasado que se vuelve un presente lacerante de los personajes. Alaska es el paraje donde conviven el blanco de la nieve y el rojo de la sangre derramada por accidente, en la persecución misma del criminal por el que se inicia la trama y el delito no admitido por el detective que ha pasado de incriminador a culpable en la búsqueda del asesino, quien al medio de este juego del destino, se ha convertido en testigo del infortunio.

El insomnio será ahora la nueva compañía, la duda entre asumir el accidente por el que ha muerto su compañero y atrapar al criminal, osarán la débil línea que separa el accidente de lo intencional. La culpa vestida de hielo y neblina matiza el paisaje de esta postal de asignación especial, que por momentos supera a la cinta original y que brinda una de las mejores actuaciones en la trayectoria de Robin Williams, un rostro impenetrable y de voz enhebrada que, brillante, luce ante el desvelo que Al Pacino traduce en la endeble vocación por el deber, mientras él debe dar una lección de criterio a Swank, de quien se ha vuelto mentor y guía. Aunque conservó la misma sintaxis y el título de la película original, Nolan coloca un sello propio al tormento, a las alucinaciones y a la final confesión; el encargo de asignación especial que los grandes estudios ponían como prueba a Nolan para verificar su manejo de historia, actores y presupuesto lograba su cometido; lo que vendría después, será la intención del hito consumado.

 

En la próxima entrega de DECÁLOGO celebramos el estreno de Dunkerque, exploraremos el lado oscuro del heroísmo, la persistencia del olvido, la recuperación de la memoria, la identidad perseguida, las improntas de la mente y el décimo sello en la pléyade postal de Christopher Nolan.

 

* Iván Uriel Atanacio Medellín. Escritor y documentalista. Considerado uno de los principales exponentes de la literatura testimonial en lengua hispana. Sus novelas El surco y El Ítamo, que abordan la migración universal, han sido estudiadas en diversas universidades a nivel internacional. Dirigió los documentales La voz humana y Día de descanso. Es Director Editorial de Filmakersmovie.com.

El tiempo constructor de lazos: Una reflexión del documental ‘Las estaciones en Quincy (4 retratos de John Berger)’

Arte

Por: Psicanzuelo - 08/17/2017

Un retrato del crítico de arte y filósofo John Berger, sobre el tiempo y el arte, estructurado por la actriz Tilda Swinton

Las estaciones en Quincy se puede ver como un ensayo visual dividido en cuatro partes, o una serie documental trascendental de cuatro episodios que se construye encima de la visión de un iconoclasta como lo fue John Berger, recientemente fallecido. El título elude al pueblo alpino donde se encuentra la propiedad donde el autor vivió desde 1973, una suerte de refugió de la era posindustrial. 

John Berger fue antes que nada un crítico de arte marxista, también escritor, filósofo y artista pictórico inglés. Después de pelear durante el último año de la segunda guerra mundial estudió arte y al graduarse impartió clases de dibujo en la misma universidad donde había estudiado. En esos años comenzó su colaboración con el Tribune, donde George Orwell fungía como editor en ese entonces. Siguió colaborando con artículos en importantes publicaciones, publicando novelas y ensayos también, con el arte como excusa para hablar de la humanidad.

La primera parte-capítulo de Las estaciones en Quincy se llama “Maneras de escuchar” (Colin MacCabe) y cuenta con la dulce voz en off guía de la maravillosa actriz Tilda Swinton, y con su presencia en varias escenas dialogando con John Berger. Hay que recordar que antes de que fuera una actriz popular, Swinton fue diva del cineasta underground Derek Jarman, quien la descubrió y la hizo parte de sus maravillosas creaciones sui géneris, en esos años conoci a Beregr y se hicieron buenos amigos. r vivies sui generis ayos tambitro episodios que se construye encima de la visiñon ó a Berger y se hicieron grandes amigos. Nació el  mismo día que él y fueron amigos por más de 1/4 de siglo. “Tu cara ha nacido hacía sí misma” le dice él en voz de ella, entre tomas varias de momentos entre ellos conviviendo entre dibujos que él hace, y platicas con luz suave invernal. Hablan de cómo los momentos están unidos y corta la secuencia a cómo levanta la nieve Berger con una pala. En montaje paralelo ella mezcla avena con agua y harina, él dibuja; eso es parte de su filosofía donde el tiempo se encuentra como base de la creación y la reflexión. “Una memoria vivida de mi padre es de cuando no se iba temprano a trabajar, y yo estaba ahí, como a los 4 años, él cortaba una manzana”, mientras Tilda corta una manzana, y deja la cáscara en frente de su plato intentando coincidir con el relato de Berger sobre su padre junto a la avena. Hay una escena filmada muchos años atrás donde los dos son mucho más jóvenes; la manera como fue filmada no puede dejar de recordar a Jarman, y el corte de nuevo a la cocina revela el tiempo que está articulando el relato, la relación entre los dos, lo no dicho, para que ahora él le haga preguntas a ella.

La siguiente frase cierra el episodio: “Si pudiéramos vernos como pedazos de historia, seríamos como las narraciones que escriben los escritores, pedazos de vida que hacen bien al lector”, en voz de Swinton, sobre el plano inicial de la  carretera alpina nevada, con ellos al fondo alejándose cada vez más.

“Primavera” (Christopher Roth) es el título de la segunda parte, que abre con  tomas varias de la naturaleza en primavera, que no dejan de recordar el trabajo reciente de Terrence Malick (El árbol de la vida, El nuevo mundo), con la voz en off ahora de John Berger que habla de la sangre del individuo, y de que cuando se creó la raza humana no había un guía. La voz en off cambia a la del cineasta que dirige esta parte, dice que “es primavera y van a platicar con John sobre política, sobre la primavera árabe y, en fin, la primavera como utopía dentro de la eternidad del capitalismo. Es primavera, filme de política, levantamientos, la política, el futuro del pasado. La eterna falsa primavera del capitalismo”. La cineasta que es la mancuerna del cineasta también habla, las voces se llenan de imágenes del viaje y de la casa de Berger, de la que, dicen, no ha escapado el invierno. La cineasta lee algunas hojas de Berger a cuadro con el pueblo primaveral detrás, Quincy, que habla sobre la primera relación que tuvo el hombre con los animales, siendo metafórica. Ese cambio de punto de vista constante mantiene al espectador del documental despierto y preguntándose sobre su propio punto de vista.

Berger habla de cómo un granero se llena y se vacía por las estaciones, y cómo los animales siempre están ahí, esto parte de un documental viejo que vemos en pantalla, donde un granjero ayuda a dar a luz a una vaca un hermoso becerro.

El cineasta explica cómo Berger se mudó al campo con su esposa para vivir la vida de los granjeros comunes, y cómo su escritura tiene que ver mucho con los animales como los vemos en la granja, y de su relación con el humano. Derrida habla en cuadro, parte de otro documental sobre la deconstrucción, sobre cómo podía demostrar la relación entre animales y hombres. La voz en off de una actriz, que aparece desnuda en pantalla leyendo, o recitando de memoria, no deja claro el ejercicio cinematográfico a través del montaje: los animales viendo y escuchando como humanos, en la intersección de lo que somos, como dentro de una película. Una toma animada del legendario material del investigador precinematográfico Eadweard Muybridge abre la secuencia filosófica, hablando de Heidegger y el concepto de ánima, la tristeza infinita por falta de palabra, la falta de lenguaje común deja clara la separación entre animal y hombre. Aunque, como dice Berger, finalmente los animales y el hombre podrían compartir la ignorancia por la muerte.

La siguiente parte se titula “Una canción por los políticos” (Colin MacCabe y Bartek Dziadosz), abre con una especie de talk show casero en el que un hombre habla del programa donde conoció a Berger hablando de Picasso, Giacometti y Léger. Junto a él un novelista y poeta americano, una poeta y activista hindú, y un director de cine y artista de Alemania que realizó el anterior capítulo. Berger es presentado como un relator de historias pero que se ha dedicado a hacer política toda su vida.

Dice Berger que si es un relator de historias es porque escucha, es como un pastor que trae contrabando por las fronteras, habla de que ahora la prosa es insuficiente para relatar el mundo actual, sería más adecuada una canción: “Es en el infierno donde la solidaridad es importante, no en el cielo” .

Tilda Swinton cierra el capítulo leyeno un entrañable poema de Attila József, “El séptimo”:

Nacer siete veces, una en una casa en fuego, otra en una helada inundación, otra en un salvaje manicomio, otra en un campo de trigo blanco, otra en un convento vacío, y otra entre puercos en un chiquero. Seis bebés llorando no es suficiente, tú debes ser el séptimo. Cuando tengas que sobrevivir, deja que tu enemigo cuente siete. Uno lejos del trabajo en domingo, otro empezando su trabajo el lunes, otro que enseñe sin pago alguno, otro que enseñe a nadar ahogándose, otro que es la semilla del bosque, otro que los salvajes antepasados protegen, pero sus trucos no serán suficientes porque tú tienes que ser el tercero.

“Cosecha” (Tilda Swinton) se titula la cuarta y última parte, donde se vuelven a encontrar Berger y Swinton en París, después de que él enseña un taller con chicos jóvenes, durante el taller a sus dos alumnos los manda a su granja a ver sus frambuesas con su hijo. Cortamos a una serie de drones que vuelan en las montañas verdes, donde se revelan vacas, caminos y arboles, nos permiten admirar la belleza que Berger decidió intercambiar por su vida citadina hace tantos años. El hijo de Berger platica con ellos sentados en el pasto, mientras la cámara vuela adentro del granero, una vez más de cómo se llena el espacio de hierba para alimentar a las vacas y todo desaparece finalmente en sus heces. Le regalan huevos los estudiantes de Edimburgo, al igual que se los habían regalado a John, le dicen que es algo de su jardín, pero no es de su jardín.  

Este ultimo film fue dirigido por Swinton y producido por el Derek Jarman Lab, quienes producen todo el documental y, al parecer, además de producir también ofrecen entrenamiento fílmico apoyado en teoría cinematográfica.

 

http://www.jarmanlab.org

http://seasonsinquincy.com

 

Twitter del autor: @psicanzuelo