*

X

Carl Jung sobre la percepción extrasensorial y por qué el tiempo sólo existe en relación a la mente

AlterCultura

Por: pijamasurf - 02/11/2018

Jung pasó mucho tiempo de su vida intentando explicar fenómenos como la telepatía o la telekinesis; esto fue lo que creyó descubrir sobre la naturaleza de la realidad y su relación con la mente

Una de las diferencias que hicieron que  Carl G. Jung se distanciara de Freud fue su consideración de que los fenómenos psi o eventos paranormales debían ser estudiados seriamente. Particularmente Jung se mostró interesado por estudiar la alquimia, la astrología y la telepatía, y escribió sobre los importantes hallazgos del Instituto Rhine sobre percepción extrasensorial. Él mismo desarrollo una explicación para estos fenómenos bajo el término sincronicidad o la conexión acausal significativa. 

Intentando explicar fenómenos psi al final de su vida, Jung notó que existen dos tipos de relaciones entre las cosas: la cadena causal y la interconexión de significado o "la conexión constante a través del efecto y la conexión inconstante a través de la contingencia, equivalencia o significado". En su ensayo Sincronicidad como principio de conexiones acausales escribe:

Como he dicho, es imposible, con nuestros recursos actuales, explicar la percepción extrasensorial, o el hecho de la coincidencia significativa, como un fenómeno de energía. Esto termina con la explicación causal también, ya que un "efecto" no puede entenderse sino como un fenómeno de energía. Así que no puede ser una cuestión de causa y efecto, sino de caer conjuntamente en el tiempo, un tipo de simultaneidad... considero que la sincronicidad es una relatividad del tiempo y el espacio psíquicamente condicionada. Los experimentos Rhine han demostrado que en relación a la psique el tiempo y el espacio son, por así decirlo, "elásticos" y pueden aparentemente reducirse al punto de la desaparición, como si fueran dependientes de condiciones psíquicas y no existieran por sí mismos sino que fueran "postulados" por la mente consciente. En la visión original del mundo, como la encontramos entre hombres primitivos, el tiempo y el espacio tienen una existencia precaria. Se convierten en conceptos "fijos" sólo en el curso del desarrollo mental, gracias sobre todo a la introducción de la medición. En sí mismos, el espacio y el tiempo consisten en nada. Son conceptos hipostasiados engendrados de la actividad discriminatoria de la mente consciente, y forman coordenadas indispensables para describir el comportamiento de los cuerpos en movimiento. Son, entonces, esencialmente psíquicos de origen, lo cual es probablemente la razón que hizo que Kant los considerara como categorías a priori. Pero si el tiempo y el espacio son sólo propiedades aparentes de cuerpos en movimiento y son creados por las necesidades intelectuales del observador, entonces su relativización por condiciones psíquicas no es ya motivo de asombro sino que llega a los límites de la posibilidad. Esta posibilidad se presenta cuando la psique observa, no a los cuerpos externos, sino a sí misma.

Encontramos aquí también una notable hipótesis que mantiene una relatividad entre el tiempo-espacio y la psique, algo que parece ligar el pensamiento de Jung con la física cuántica y el llamado "efecto del observador". De hecho Jung, en su correspondencia con el físico Wolfgang Pauli, trabajó en una idea a la cual podrían estar subordinados sus conceptos de arquetipos y sincronicidad, a la cual llamó "unus mundus". Las coincidencias significativas sin causas aparentes que se producen en fenómenos psi podrían ser explicadas por el hecho de que tanto el observador como el fenómeno observado emergen de la misma fuente, el unus mundus, o la unidad que subyace a todas las cosas. Quizás así podría explicarse uno de los fenómenos más misteriosos de la física cuántica, el entrelazamiento cuántico. Quizás las partículas exhiben una conexión a distancia instantánea porque no son dos, son una misma cosa que se despliega bajo una diversidad que es aparente pero no ontológica.

Importantes diferencias que hacen que algunas personas busquen sesiones chamánicas con plantas para intentar sanar

Los chamanes suelen ser muchas cosas: líderes de una comunidad, vínculos con el mundo espiritual, pero sobre todo son curanderos u hombres que reestablecen la salud de los individuos, la sociedad o el entorno. En los últimos años, particularmente debido a las ceremonias de ayahuasa, se ha popularizado en Occidente la posibilidad de encontrar una "sanación chamánica". Existen ciertamente datos que sugieren que plantas como la ayahuasca, los hongos alucinógenos o la iboga, entre otras, pueden servir para tratar efectivamente diferentes padecimientos, particularmente enfermedades mentales y adicciones. Y de hecho, las nuevas investigaciones académicas con psicodélicos han empezado a jugar con la idea de crear un protocolo médico de una "experiencia religiosa", ya que ésta parece tener diversos efectos en la salud de una persona -para ello, no sólo se ingieren sustancias psicodélicas sino que se utiliza cierto tipo de música y arte visionario-.

Lo que hace atractivo para muchas personas lo que hemos llamado "sanación chamánica" es que parte de una premisa radicalmente opuesta a la medicina occidental alópata. Mientras que, para el grueso de los médicos dentro de este sistema científico, la mente no juega un papel de primer orden en las afecciones físicas, para el chamanismo -en cierta forma como para el ayurveda o la medicina tibetana budista- todas las enfermedades no sólo tienen un componente psicológico sino que son esencialmente manifestaciones físicas de un problema espiritual. Como dice el escritor Graham Hancock: "un chamán buscará las causas de una enfermedad más allá de los aspectos físicos, en el alma o en el espíritu". Y además, no sólo empleará una medicina, como puede ser la ayahuasca, sino que utilizará la planta como interfaz para comunicarse con aliados, con espíritus o ancestros, que pueden asistir tanto en el diagnóstico como en la curación. Podrá también utilizar cantos y música que son una forma de llevar al paciente a un estado de orden y armonía. (Curiosamente, uno de los padres de la filosofía occidental e incluso de las matemáticas, Pitágoras, usaba también la música para curar a sus alumnos).

Evidentemente la medicina chamánica, si es que podemos hablar de algo así, es más holística que la medicina occidental, la cual, sin embargo, cada vez más empieza a reconocer la importancia de los factores mentales, a la luz de cosas como el efecto placebo y demás. Otra cosa importante es que al tratar las enfermedades como una cosa del alma, el chamanismo sugiere que significan algo, tienen algo que decirnos, son voces o símbolos que buscan llevarnos hacia una transformación. Como dijera el psicólogo James Hillman, alumno de Jung, "hasta que el alma no obtiene lo que quiere, te enferma". Esto nos hace cambiar el modo en el que nos enfrentamos a una enfermedad. En vez de anegarla con fármacos que suprimen los síntomas y nos hacen olvidar u obviar la profundidad que se está manifestando, la sanación chamánica o incluso lo que se ha llamado "depth psychology", nos pide que escuchemos nuestras enfermedades y reflexionemos sobre sus causas profundas. Séneca escribió: "En todas las enfermedades nada hay tan pernicioso como un remedio prematuro". La medicina occidental moderna es altamente efectiva pero es también sumamente agresiva y en muchas ocasiones va en contra de la naturaleza, que es, según Paracelso, la mejor médica. "Quién es mejor maestro en esto [en la medicina] que la naturaleza misma?”, escribió el médico y alquimista suizo. “Ahora que hemos concluido que el médico debe ser educado por la naturaleza, debemos preguntarnos, ¿qué es la naturaleza sino la filosofía? ¿Qué es la filosofía sino naturaleza invisible?". Lo que plantea es una medicina en armonía con la naturaleza, que en sus patrones y ritmos refleja una especie de filosofía. De aquí entonces una medicina que sea paciente, que haga notar al individuo que sus actos y pensamientos son responsables de su salud y que tome en cuenta principios del cosmos como los ciclos y la impermanencia. Todas las cosas cambian y decaen, pero al no aferrarnos a ellas, al no luchar en contra y estresarnos de más, dejamos que fluyan con calma -y así, no bloqueamos la propia respuesta de autosanación-. Lo que plantea Paracelso podría parecer retrógrado y hasta peligroso, pero merece escucharse:

La naturaleza –no el hombre– es el médico. El hombre ha perdido la verdadera luz de la razón… Intenta capacitarte para que puedas seguir la naturaleza otra vez, y ella será tu instructora. Familiarízate con el almacén de la naturaleza y con los estantes en los que sus virtudes están almacenadas. Los caminos de la naturaleza son sencillos y no requieren prescripciones complicadas.

Hace 500 años, Paracelso ya detectaba una corrupción de la industria médica:

Han desertado completamente el camino indicado por la naturaleza, y construido un sistema artificial, el cual es sólo adecuado para estafar al público y socavar los bolsillos de los enfermos. Su poder está solamente en que su galimatías es ininteligible para el público, que tiene fe de que debe significar algo, y la consecuencia de esto es que nadie se les puede acercar sin ser engañado. Su arte no consiste en curar a los enfermos, sino en ganarse el favor de los ricos, estafar a los pobres y penetrar los aposentos de los nobles… Me denuncian porque no sigo su escuela; pero sus escuelas no pueden enseñarme nada que merezca saberse..